"Escuché las explosiones y pensé que estaban tirando fuegos artificiales por algún cumpleaños", dice Gladys, la vecina. La anciana estaba media dormida, pero se le pasó el sueño cuando se levantó y miró a través de su ventana. Lo que escuchaba, eran los estallidos producto del voraz incendio dentro del depósito que tiene un empresario en el fondo de su casa en Rivadavia. El galpón ardió por completo. El fuego arrasó con las máquinas, materiales y hasta con los artefactos nuevos que habían comprado para abrir otro negocio. Las pérdidas superarían los 100.000 pesos, y en la policía sospechan de un incendio intencional.
Fue minutos después de las 4, cuando esa abuela escuchó las explosiones y observó las llamaradas que salían del galpón ubicado en los fondos de la propiedad del empresario Jorge Icazati, en avenida Libertador, metros al Este de Meglioli. Ese depósito tiene otra entrada que da a un descampado a las calles Ituzaingó y Caseros, frente a Villa Laciar.
Icazati, dueño de San Juan Mayorista, anda de viaje por Chile y el único que se encontraba en la casa era un cuidador. Ese empleado no habría visto nada, dijo un policía. El galpón de aproximadamente 15 metros por 15 tenía un techo de chapa tipo tinglado y contaba con una alarma, que alcanzó a sonar.
"Es extraño, cuesta pensar en un cortocircuito. Ese lugar estaba bien construido. Tenemos gente de seguridad e higiene que controla siempre las instalaciones. Igual ya nada nos sorprende, así que vamos a ver qué dice la policía", explicó Fabio Avalos, gerente de la empresa de Icazati. Para los policías, también resultaba raro el siniestro. Un jefe policial contó que encontraron unas bolsas de semillas rotas. Otro, dijo que corrió el rumor que, antes que comenzara el fuego, andaba gente por el descampado. No descartan que alguien haya ido a robar, quizás metiéndose por entre el alambrado y el espacio que había entre la pared y el techo. Todo eso hace sospechar que fue un incendio intencional, además porque supuestamente todavía no encontraban rastros de una falla eléctrica, dijeron en la policía.
Sea como sea, el galpón se convirtió en una caldera, con decir que el techo se vino abajo. Nada se salvó, pese al esfuerzo de los bomberos. Ese depósito estaba lleno, y tenía de todo. Bolsas de mercadería, marcos de puertas y ventanas, enrejados, vasijas y materiales. También máquinas como sierras y un torno, y otras herramientas industriales que utilizaban para reparaban carritos de supermercados. Por otro lado tenían heladeras, cocinas, hornos y otros artefactos nuevos que habían comprado para abrir un negocio de comida, contó Avalos, quien estimó daños por más 100.000 pesos. Aún así, faltaba hacer un inventario con el dueño, explicó.

