Un remisero de 36 años fue condenado ayer a 11 años de cárcel por el juez Ernesto Kerman (Sala II de la Cámara Penal) quien lo encontró responsable del aberrante abuso de su propia hija (tenía 10 años) hasta corromperla sexualmente, dijeron fuentes judiciales.
Parte de la verdad se conoció en agosto del año pasado, un día en el que la madre reunió a sus cinco hijos para decirles que se iba a romper la relación matrimonial que había iniciado con su padre el 23 de junio de 1995. Las múltiples situaciones de violencia y desentendidos habían llegado a un punto límite, pero lo peor estaba por venir: ese día el mayor de los hijos le contó a su mamá que había visto a su padre manosear a su hermanita en mayo del año pasado en la casa que compartían en Rawson. Y la misma nena, que ese mes cumplía 11 años, confirmó la versión con los detalles sobresalientes, todos aberrantes.
Pero cuando la mujer puso la denuncia y los psicológos entrevistaron a la nena, no sólo confirmaron que no mentía sino que además había sido ultrajada sexualmente. También descubrieron que las situaciones de abuso habían pervertido su sano sentido del sexo, al punto de hacerla sentir la prematura necesidad de que la "besen y la toquen" o de intentar repetir esas prácticas con sus hermanos.
El condenado es un remisero de apellido Centeno que el próximo 9 de junio cumplirá 37 años. Cuando quedó detenido negó su vinculación al delito, pero las pruebas empezaron a jugarle en contra, como su propio informe psicológico en el que se lo describe como alguien con rasgos psicopáticos, por su "aplanamiento afectivo", su "inmadurez", su "mal manejo de los impulsos" y su "inexistente angustia" frente a la acusación y la situación de separación de su familia.
Tan complicado estaba Centeno que cuando el caso llegó a juicio, optó por admitir su responsabilidad y proponer al juez, a través de su defensor Fernando Bonomo y la fiscal Alicia Esquivel Puiggrós, un juicio abreviado en el que aceptaba purgar la pena de 11 años de cárcel, el castigo que recibió ayer.

