Teóricamente, Ana Dulcinea Gómez (49) fue asesinada de un tiro en la cabeza y otro en el pecho, previo a sufrir al menos durante 40 minutos la indescriptible tortura de ver cómo mataban a su hija Natalí Verdú (tenía 16 años, quería ser modelo y abogada como su mamá) de dos disparos en la cabeza y otro en el pecho. Teóricamente, él o los asesinos tenían llave de la casa o las mismas víctimas los dejaron entrar, porque los conocían. Teóricamente, el conmocionante doble crimen pudo tener un móvil económico, aunque no se descartan razones pasionales por la “saña” empleada en la ejecución. Teóricamente, el hecho es un homicidio agravado, castigado con perpetua. Y esta última teoría ata el caso a otra, inexorable: si no hay esclarecimiento en el término de 15 años contados desde que ocurrió, nada se podrá hacer contra los responsables aún si llegasen a ser descubiertos.

Hoy se cumplen 10 años de aquel conmocionante doble crimen. Y todo parece estar como al principio, envuelto en teorías, en la impunidad. En el mismo juzgado a cargo de la investigación, el Tercero de Instrucción, dijeron que “por ahora” el juez Guillermo Adárvez no hará declaraciones públicas al respecto, aunque se mostraron confiados en “otra hipótesis” investigada, sin hacer mayores revelaciones.

Hay en el caso algunos elementos para llegar a los culpables: muestras de ADN extraídas de varias fuentes, como restos de saliva, un cable enrollado en el cuello o un repasador puesto en el rostro de Natalí. Esos rastros genéticos son de un hombre y por eso hubo cotejo con todos aquellos sujetos que vieron por última vez o tuvieron alguna relación o conflicto con la abogada.

Esas comparaciones involucraron al ADN de un médico que conocía a las víctimas, al de un pintor de los Testigos de Jehová, al de tres sujetos que le vendían alambre a la abogada para sus extensos campos en Valle Fértil. Y hasta hubo comparaciones genéticas con su ex pareja, el comerciante Jorge Verdú, y el otro hijo de ambos, Emanuel. Todos los análisis sin embargo dieron negativo.

También siguen dando resultado negativo todas las comparaciones entre los cinco plomos calibre 32 extraídos de las víctimas con cada arma de igual calibre secuestrada en sucesivos operativos policiales en toda la provincia.

A 10 años hay también en el Tercer Juzgado de Instrucción una situación que todavía les llama la atención: Jorge Verdú, como papá de Natalí, aún no es parte querellante, dijeron ayer fuentes judiciales.