María Cristina no puede aguantar las lágrimas por el recuerdo de su hijo Mauricio que se cuela sin aviso en su vida a cada instante. Porque era necesario Mauricio: con su trabajo en la carnicería de Alvear y Doctor Ortega, Rawson, sostenía a su esposa y sus dos pequeños, a su madre y sus hermanos, a su tía e hijo. Las lágrimas de esa mujer de 53 años enferma de cáncer, son también de impotencia y bronca: Mauricio fue asesinado de un tiro en un intento de asalto el 29 de junio de 2008, y hace pocos días la Corte de Justicia confirmó el fallo en el que, por mayoría y por el beneficio de la duda, fue absuelto el único juzgado por ese homicidio: Juan Marcelo Leiva.
Tras conocer ese fallo, María Cristina y su familia ya no reclaman ni lo harán, porque perdieron la esperanza en la Justicia. Y por eso la mujer es tajante: "Espero despertar un día y ver en el diario que lo mataron porque es lo único que se merece".
Alude a Leiva, porque otro hijo suyo presenció el ahora impune crimen, Abel, jura y perjura que fue Leiva el homicida. Es más, ante el Tribunal del juicio el joven precisó que cada vez que cierra los ojos ve a Leiva matando a su hermano.
"Lo que hicieron en la Justicia fue humillante, una falta de respeto ¿cómo puede ser que le crean a un sujeto que estuvo 5 años preso y tenía 32 causas abiertas y no a mi hijo? Eso nunca me va a entrar en la cabeza", asegura la mujer, aún indignada.
El día del fallo a favor de Leiva, el 6 de mayo de 2010, el Tribunal había resuelto por mayoría que no era creíble el testimonio de Abel porque en fotos había reconocido previamente a otros dos sospechosos, y porque en principio habló de un tiro por la espalda cuando a Mauricio lo habían herido de frente por salir en defensa de su esposa que entraba al negocio justo en el momento del asalto. También restaron crédito a la versión del médico forense sobre el informe que detectó en Leiva las huellas de una barba candado (se había rasurado), como describió Abel haber visto a ese sujeto.
Esas fueron los principales argumentos de la fiscalía y la querella cuando pidieron a la Corte de Justicia revisar el fallo absolutorio, al que calificaron de "arbitrario, infundado y contradictorio".
Sin embargo la Corte de Justicia consideró que los argumentos que sostenían esa sentencia se habían ajustado a derecho y por lo tanto no era arbitrario ni infundado.
De todos modos esa no es la sensación que le quedó María Cristina Tello, que lucha contra su cáncer de útero y encara cada jornada con su mejor esfuerzo para mantener a los suyos: hace comidas para vender, arregla ropa, trabaja de doméstica en casas ajenas. Todo vale.
"Usted va a decir esta mujer está loca, pero para mí Mauricio no ha muerto. Todavía lo espero todos los días a las 14, a la hora del almuerzo. El fallo ese fue de no creer, porque el asesino de mi hijo come y duerme tranquilo. ¿Por qué esa vez no se llevó lo que había? ¿Qué derecho tenía de matar a mi hijo? Ahora sólo espero la Justicia divina", concluyó la mujer, quebrada.

