Alejandro Lara caminaba y miraba confundido las chapas del tinglado, el esqueleto de las máquinas, la camioneta carbonizada y esa montaña restos quemados, hasta que largó en llantos. Los más de 40 años de trabajo de su familia se habían hecho literalmente cenizas el miércoles a la noche, con ese voraz incendio que en un par de horas arrasó toda la fábrica de muebles San Cayetano y dejó a unas veinte familias sin trabajo. ‘No nos quedó nada. Estamos en la calle, ahora hay que empezar de nuevo’, se lamentó el joven empresario ante la pérdida millonaria producto del siniestro que destruyó tres galpones abarrotados de cosas y parte de la casa de su madre.
Los vecinos de la calle Agustín Gómez entre Elcano y Anacleto Gil en Villa del Carril, Capital, seguían ayer convulsionados por el incendio que obligó a que al menos cuatro familias (que colindan con los Lara) evacuaran sus viviendas. Sólo de esas casas se vieron afectadas en parte del techo, confirmaron ayer sus dueños de apellido Nuñez y Galdeano; en lo demás, la peor parte la llevaron los tres galpones y la oficina administrativa de la mueblería San Cayetano. El fuego llegó hasta la casa de Rosa Sosa, la mamá de los Lara, pero sólo quemó la parte trasera.
En la Policía sospechan que el fuego se originó por un cortocircuito en el tinglado más grande, en el lado Oeste, aunque Bomberos no tenía aún el resultado de las pericias. Lo que sí afirmó el comisario Marcelo Heredia, jefe del Departamento Bomberos, es que los galpones no tenían sistema de detección de incendio y tampoco sistema hidrantes, tal como se exige para este tipo de predios.
‘Para mí, los bomberos tardaron en llegar’, explicó Alejandro Lara, en referencia a las denuncias que señalaban que el fuego empezó a las 21.30 y los dotaciones llegaron cerca de las 22.30. La gran cantidad de madera, aglomerados, pegamentos, tiner, rollos de cuerinas y aserrín �igual no dieron tregua. Hugo Sánchez, un vecino, contó que ‘veíamos salir el fuego por un enrejado. La señora (por Ana Sosa) quería abrir el portón del tinglado, por dentro, y tratamos de ayudarla desde afuera, pero no pudimos’. Antonio Galdeano decía: ‘tengo un Dios aparte. Casi se me quema la casa’, que está pegada al lugar donde se inició el siniestro.
Las 11 dotaciones de bomberos impidieron que el fuego llegara a las viviendas vecinas. Sin embargo, las pérdidas eran totales en la fábrica. Alejandro Lara señaló que ‘no tengo idea cuánto se perdió, pero es mucho. Ahí adentro tenía más de 20 máquinas, cada una vale más de 30.000 pesos, y a eso hay que sumarle todo lo otro’. Es que eran tres galpones que se dividían en la fábrica en sí, en un depósito y en una tapicería. En todas ellos habían máquinas, muebles, gran cantidad de materiales e insumos. También se quemaron una camioneta y la moto de un empleado. ‘Ésta era una empresa familiar creada por mi padre. Y ahora se perdió todo. Tendremos que salir a pedir ayuda y ver cómo levantamos de nuevo a la fabrica’, comentó.

