’Camila fue víctima de todas las violencias, por acción y omisión. Ella era una niña sana, inteligente, feliz; hoy no, la violencia le dejó huellas de por vida. El maltrato que sufrió se convirtió en gravísimo por sus condiciones de vulnerabilidad (…), los autores debían velar por su salud física y mental. No se puede atenuar una pena por no tener delitos previos; para el infierno que vivió Camila, un atenuante sería una ofensa’. Lo dijo ayer la Asesora de Menores Patricia Sirera durante sus alegatos ante los jueces de la Sala I de la Cámara Penal, en los cuales compartió toda la argumentación del fiscal Gustavo Manini y su pedido de condena para el changarín Pedro Oris y la docente Alejandra Ríos, la mamá de Camila.
El fiscal consideró probado que ambos debían responder por la tentativa de homicidio agravado contra esa nena que tenía 8 años y que se salvó de milagro el 25 de octubre de 2013. Y por las lesiones graves que le provocaron. Así, entendió que en la escala de penas para ambos delitos (entre 15 y 30 años), Oris debía ser condenado a 22 años de reclusión y Ríos a 17.
Según el fiscal, ambos, ‘de común acuerdo’ sometieron a castigos físicos y psíquicos a la nena mientras convivieron, como darle golpes de puños, puntapiés, pegarle con un talero y un cinto, hasta para que no llore, ducharla con agua fría o encerrarla o amenazarla con armas. Y que esos malos tratos tuvieron un pico de violencia en octubre de 2013, que es cuando esos golpes dirigidos a su cabeza obligaron a internarla con un hematoma del tamaño de una naranja en su cráneo.
Los informes médicos y psicológicos, y la mayoría de los testigos fueron pruebas claves para la fiscalía de que Oris y Ríos, complementaron sus perfiles de ‘psicópatas sádicos’ contra un ser altamente vulnerable. Y que mintieron al decir que se había caído de un caballo y luego se culparon mutuamente para intentar zafar.
‘INIMPUTABLE’
A su turno, la defensora de Ríos, Mabel Miriam Szalankiewicz, cuestionó las pruebas contra su clienta y realizó particulares interpretaciones. Dijo que las graves alteraciones de Camila cuando estuvo internada y entraba su madre, no era miedo a Ríos sino a tener contacto con ella porque Oris lo prohibía. O que los insultos a su mamá eran por ‘celos’ porque estaba embarazada. Pidió que la declaren inimputable, por supuestos problemas mentales que le impidieron comprender y el sometimiento y las amenazas de Oris.

