Por Ariel Poblete
Y… en el mundo de Unión todo tiene que tener sufrimiento para poder gozar. Y esta vez, en una noche histórica para el mundo azul, la bandera del sacrificio extra se levantó más alta que nunca para poder resolver el intrincado planteo que le propuso Aconquija y la propia lucha contra sus ansiedades que el mismo Unión se puso encima. Pero claro, a esta altura en Rawson poco importa. Si no hubo lujos, si faltó claridad… Eso, no cuenta. Fue victoria y clasificación. Una clasificación que rondó el milagro porque levantar el 0-1 le costó demasiado a un Unión que recién hizo su ventaja cuando el poartido se moría y selló el 3-1 para entrar en la serie final por el ascenso al Argentino B. Pasó de todo. Hubo de todo, pero para el pueblo de Unión eso ya no cuenta.
En el comienzo, la presión de los catamarqueños le quitó tranquilidad a Unión y ahí empezó a jugar el partido que no tenía que jugar. En vez de tocar sencillo, se mover la pelota, buscó el traslado exagerado y perdió claridad. Para colmo, en el planteo rival, el achique era sistema en la defensa y Unión nunca le sacó ventajas con alguno de sus volantes. Le costó llegar en el comienzo y a los 20′ Steiner probó de media vuelta. Fue el primer aviso. Pero a los 22′ llegó el baldazo de agua fría cuando Borque le pegó con algo de suerte tras un desborde de Herrera por la izquierda y venció a Biasotti para poner el 1-0 sorpresivo en La Bombonerita.
Había que reaccionar y Unión tuvo coraje para levantarse. A los 25′ Laciar quedó habilitado cuando le tiraron el achique, quiso enganchar para definir y lo apuraron pero el Gino vio mejor parado a Steiner y el Galgo no perdonó. 1-1 y a volver a empezar. Pero claro, el show del arquero Espeche no había comenzado y a los 34′ frenó todo cuando se quedó en el piso por más de 40 minutos, acusando un golpe que pocos vieron y que menos aún pueden atestiguar.
Llegó la hora de jugarse el resto. Los últimos 45′ tenían todo el peso en la camiseta de Unión. Y el Azul, fue a buscarlo con el alma. Con errores, con dudas pero con el corazón en la mano.
Y fue. Fue hasta el final. A los 16′ tuvo la más clarita para desnivelar. Le pegó Farías, respondió el arquero, le quedó el rebote a Galván y se la sacaron en la línea. De milagro. Unión no se entregaba todavía. Había más y al menos, el premio de los penales tenía que tener por su generosa apuesta. Y se le dio porque a los 27′, Matías Guerra definió cruzado, al segundo palo y puso el 2-1. Había una esperanza desde los doce pasos pero en el planeta Unión nunca hay que rendirse y en la ùltima pelota de la noche, casi como en una película. Agustín Quiroga desató el delirio al meter esa pelota que nunca entraba y sellar el 3-1, angustioso y merecido de la clasificación.

