Estaban todos los ingredientes para que sea un peleón, pero también por la manera en que podía darse, ser un fiasco. Al final, sin ser un bodrio, no fue la pelea esperada. No tuvo nivel siquiera para compararlas con las de Ali-Frazier o Hagler-Leonard, por sólo citar dos de las mil peleas del siglo anteriores. La victoria, en fallo unánime, con el que los jurados estadounidenses vieron ganar al norteamericano Mayweather, deja un halo de sospecha. Las tarjetas dieron ganador a un Mayweather que no se pareció a sí mismo, que boxeó los tres primeros rounds y luego especuló tratando de no recibir alguna mano neta e intentando colocar un recto de derecha que pudiera darle una victoria categórica. Ante ese híbrido que fue, sin lucir con sus recursos, la obstinada y constante búsqueda ofensiva de Manny Pacquiao mereció mejor reconocimiento.
Era, como se suponía, una pelea donde la apreciación sería clave, pero de allí a que Dave Moretti le dé 118-110, es un broma de mal gusto. Los otros dos jurados lo vieron ganar 116-112 (para DIARIO DE CUYO ganó Pacquiao 115-113). El dueño del negocio era Mayweather, el invicto, el que quiere superar la marca de 49-0 de Rocky Marciano. Es por ello que contó con el beneplácito de jurados de su nacionalidad que en otras ocasiones premian el avance, la actitud ofensiva, el “cargarse” la pelea de uno de los púgiles. En este aspecto, no caben dudas de que el ganador fue Pacquiao, que buscó, que trabajó para un espectáculo que no fue.
No fue brillante lo del filipino, que fue más fiel a su carácter de guerrero. Pero tampoco lució lo del estadounidense, que en pocas ocasiones fue el estilista elegante que pone en ridículo a sus rivales.
Golpes netos hubo pocos, un par para cada uno. Al final de la pelea uno se da cuenta en los rostros de los boxeadores si hubo batalla o no.
Lo de anoche quedó nada más que en un intento. Ésta es una crónica de una pelea que no fue tal. Que, por cómo se dieron las cosas, deja la duda sobre si la polémica que generó no es la llave para una revancha, que posiblemente no sea tan millonaria y atrayente como fue ésta que quedó en veremos.
Anoche, en Las Vegas hubo dos boxeadores que se parecieron poco a sí mismos. Entre el que propuso y el que no quiso, se premió a este último. Al fin de cuentas, el dueño del show.

