Que el descenso es dramático en la Argentina no es novedad para nadie. Y en Tucumán, la caída de un coloso como San Martín prometía incidentes, alta tensión y muchas complicaciones. El que lo sufrió fue Sportivo Desamparados que no pudo festejar en el campo de juego su conquista después de los seis minutos de adición que marcó el árbitro Pompei. Es que el convulsionado presente del Santo tucumano se trasladó desde el campo de juego a las tribunas y Sportivo tuvo que conformarse con guardar sus emociones para el fuero más íntimo de un equipo de fútbol que es su vestuario. Y allí sí sobraron emociones, lágrimas, abrazos. El llanto incontenible de Miguel Jofré, el presidente que entró en la historia grande de Desamparados, que no podía creer lo conseguido. Entre sollozos el titular puyutano solamente quiso agradecer a todos, sin pasar factura a nadie y anticipando que lo que se viene será tremendo.
"Este es el premio a tanto sacrificio. Es el momento de estar más juntos que nunca y apuntar al desafío que es jugar la Primera B Nacional como se debe. Vamos a necesitar a todos’, aclaró un emocionado Jofré.
Después del rezo acostumbrado del Padre Nuestro y pese a las recomendaciones policiales que aconsejaban nada de gritos, nada de festejos, el plantel estalló y ¡dale campeón! retumbó más fuerte que nunca en el vestuario visitante.
Era fiesta completa, pero puertas adentro. Porque afuera la hinchada tucumana se ocupó de impedir la salida de sus jugadores y de insultar a cuanto sanjuanino se cruzara por enfrente. Tanta furia llevó a que el plantel sanjuanino tuviera que permanecer en el vestuario por más de una hora, mientras que los locales, pasada la una de la madrugada, aún no podían salir.
Inclusive hubo un amague del plantel puyutano de volver al campo de juego y dar la vuelta olímpica pero otra vez la policía lo impidió por seguridad para ellos mismos. Como será que hasta el colectivo sanjuanino se lleva las secuelas de la furia tucumana, con tres vidrios rotos.
Para Sportivo la fiesta se completará hoy en San Juan, pero en el corazón de La Ciudadela se dio el gusto de festejar, en silencio, su momento más glorioso.

