Puede que la gente de Iquique le haya puesto todas las pilas a la organización del Mundial, pero a veces no sólo con las ganas alcanza.
En la previa trabajaron a full con el estadio.
Pero fue tan a full que el día anterior al inicio estaban poniendo los árboles al lado de la “carpa gigante” y probando todo en su interior. Casi que fue una vergüenza que se juegue en un estadio que sus paredes eran de media sombra gruesa.
Claro, nadie podrá negar la belleza del lugar. De una ciudad maravillosa. Con todo lo que significa ser una ciudad costera y de fondo, al otro lado, de majestuosas montañas.
Pero que las tribunas sean tubulares y metálicas, que la disposición de todo resultase precaria y que por ejemplo, el penúltimo día, se haya recalentado el generador de corriente y hasta hubiese riesgo de incendio, fue un despropósito.
A nosotros, los sanjuaninos, el FIRS nos exige de todo. ¿Por qué a Chile no se lo habrán exigido? Son los “entuertos” que no se entienden en grandes organizaciones.
La gente en Iquique es pura amabilidad, de eso nadie puede afirmar lo contrario.
Se preocupa, inclusive, que todo esté bien para los extranjeros.
El lugar es fantástico.
Pero, tema raro, es una ciudad que casi ni conocía al hockey sobre patines. Entonces, ¿porqué se hizo un Mundial acá?
Vaya a saber porque acuerdos políticos, por ejemplo.
Pero si fuese así, deberían haber previsto ser impecables. No sólo para mostrar la bella ciudad sino para que todo resulte confiable. No en un estadio impresentable. Claro, no pasó nada complicado y todo salió bien. Gracias a Dios, simplemente.
