Con un juego de la más avanzada tecnología con coloridas imágenes virtuales, la voz y el movimiento de Shakira y el ritmo contagioso de Ladysmith, el Mundial de Sudáfrica se despidió en su fiesta de clausura.
En el comienzo de la fiesta todo el estadio se puso color azul, con cientos de artistas ingresando por uno de los costados de la cancha que se movieron para formar distintas figuras en un escenario compuesto por cientos de paneles de tela que formaron un Soccer City dentro de otro Soccer City en el que 18 proyectores distribuidos en todo el estadio, inclusive desde el piso, formaron las imágenes que combinaron fútbol y Africa.
Más de 200 países tomaron la transmisión en forma directa y unas 500 millones de personas vieron la fiesta por televisión en el mundo.
El estadio se tiñó de colores, del violeta al rojo, del naranja al celeste, de una pelota con todas las banderas al mapa sudafricano, a una vuvuzela de donde salieron caminos al mundo, o con trece réplicas de elefantes consumiendo un mar entero formado por las cámaras sobre el piso. Luces que simulaban aviones cruzando por el cielo nocturno y fuegos artificiales partiendo de un lado al otro del estadio. Y mucha música.
Cantó Shakira y luego llegó el turno para los músicos locales hasta que por los parlantes de la cancha anunciaron el final de la fiesta. Pero faltaba algo. Se sentía en el aire. Por eso toda la cancha estuvo unos minutos en silencio, nadie se movía se sus asientos, hasta que apareció Mandela (ver aparte) y con él las lágrimas, la emoción final, para una fiesta impecable, pero que con la presencia de "Madiba" se transformó en inolvidable.
Fue una fiesta rápida, de 30 minutos que no cayó en lo tradicional ni en lo autóctono, sino con un vestuario moderno, sin perder el sello sudafricano.

