Dicen que "un tropezón no es caída". Y algo de cierto tiene la frase porque los muchachos argentinos perdieron el partido de ayer con España (2-3) y se fueron con bronca pero con la frente alta por haber jugado un partidazo y caer en el último minuto. Si a eso se le suma que el objetivo es sumar hora de juego con vistas al Mundial de Vigo, todo está en los carriles normales. El lado feo es que otra vez fueron presa de la furia española, que los dejó con las ganas y hoy definirá el título de la Copa de las Naciones en Suiza frente al otro grande: Portugal (le ganó a Angola 3-0 en la otra semifinal).
El partido frente a los españoles salió peleado de principio a fin. Eso sí, en la primera parte a los dirigidos por José Martinazzo le cascotearon el rancho. Entonces no extrañó que los campeones del mundo se fueran al descanso ganando 2-0.
Pero la reacción argentina llegó en el complemento y primero con un golazo de Luquitas Ordóñez y después con un penal convertido por el Mono Velázquez todo quedó como al principio. Pintaba para alargue pero el propio Velázquez tuvo el gol que tapó Guillem Trabal con lo justo y, de la contra, España edificó la victoria. Como fue faltando 30 segundos, ya no hubo para más.

