Si bien en la tabla de posiciones San Martín ayer sumó un punto, al igual que en la fecha del debut del domingo pasado, la imagen que dejó esta vez fue bastante superior. Demostró la personalidad suficiente, que arengó el técnico Franco durante la semana, para no ser volteado por el cuco de la categoría, Rosario Central, en el Gigante de Arroyito y ante 40.000 personas.

Es más, no ocurrió lo que se iba a considerar -el batacazo Verdinegro- por la segunda fecha de la B Nacional, porque al equipo sanjuanino solamente le faltó aguantar esos 10′ después que un equipo hace un gol de visitante en este tipo de torneos. Porque todo el resto del partido, y especialmente en esos momentos que Central ponía toda su carne en el asador, San Martín supo caminar sobre las brasas e incluso generó oportunidades de gol.

San Martín defendió bien y de distintas maneras. Los dos marcadores centrales se mostraron firmes en líneas generales, mientras que los laterales aportaron marca y buena dosis de proyección, especialmente Acosta en el primer tiempo. Floris no desentonó, pero el uruguayo sacó más provecho en sus subidas porque se entendió mejor con Barreiro, a quien le faltó puntería para hacer lucir mejor su trabajo.

Un párrafo aparte debe ser para el triple 5. El triángulo Alderete-Videla-Scatolaro fue un ventilador que le dio aire al equipo. Marca, despliegue, juego asociado y descarga a las bandas fueron características regulares.

Y cuando Central lograba cruzar la doble frontera, se terminaba topando con un Pocrnjic que atajó pelotas vitales. La más importante en el segundo vendaval de Central, cuando arrancó el segundo tiempo, fue un mano a mano con Figueroa que dilató todas las pupilas del estadio.

El mayor riesgo que pasaba San Martín en ese momento era que de a poco se fue cargando de amarillas. Por eso salió Roberval en el entretiempo (el brasileño igual tuvo una actuación de menor a mayor, cuando antes de cerrar la etapa sacó un seco remate que exigió los reflejos del arquero Broun).

San Martín conseguía tiros libres en la puerta del área del local y así llegó a la apertura del marcador. A los 10′ del complemento Barreiro tiró un centro y Figueroa, en contra, la mandó al fondo. Y ahí ocurrió el único pecado del Verdinegro. Porque 3′ más tarde una equivocación en la salida derivó en el centro que por única vez Figueroa aprovecharía para vencer al arquero sanjuanino, además de resarcir su error anterior.

De ahí hasta el final fueron 30′ donde la intensidad fue cayendo paulatinamente pero no por eso desaparecieron las emociones. Incluso en la última jugada fue una contra de San Martín que terminó en un centro para Penco que no pudo capitalizar porque cabeceó incómodo. Fue un punto para San martín pero suena a de partida.