Así siempre le dijeron a los que mandan. A los que toman decisiones por sí mismos sin que nada les importe. Que nunca siguen un protocolo. Una regla. Solamente se dejan llevar por su instinto y por sus gustos. Ni siquiera se molestan con que el resto de la gente esté conforme. Sólo piensan en ellos. Así siempre fue “Don Julio”. Simplemente un “patrón de estancia”. Que hizo lo que quiso y como quiso del dominio de la AFA. En realidad de todo el fútbol argentino. Y por mucho tiempo. Tanto que llegó a ganarse el sello de “Eterno”.

Cuesta pensar que haya alguien que no diga -o lo piense- que Grondona aprovechó (económicamente) todas esas decisiones, a veces discutidas y otras no, que tomó al frente de la AFA. Es que la opinión general de la gente común siempre lo encasilló como un tipo aprovechador. Inteligente, pero aprovechador. Todo por ese carácter de “mandamás” que él siempre mostró. “Don Julio” no fue dueño de grises. Lo quisieron o lo odiaron.

Y, al margen de esas discusiones que serán eternas, hay algo que es innegable: el hombre siempre le dio espacio al interior del país. Buscó inculcar el federalismo en el fútbol argentino. Dirán, aquellos que no lo quisieron, que debe haber tenido su rédito en esto. Pero la verdad es que los clubes fuera de aquellos grandes de Capital Federal ganaron protagonismo hasta llegar a la misma vidriera.

Los Rafaela, Godoy Cruz de Mendoza, Belgrano de Córdoba, Olimpo de Bahía Blanca, entre otros, hoy juegan el Torneo de Primera División. Ahí donde también estuvo San Martín de San Juan. O Gimnasia de Jujuy, San Martín de Tucumán. Por eso hay que esperar que ese legado de “Don Julio” siga firme. Porque sino, volverá a ser el fútbol de Capital y, por otro lado, el fútbol del interior.