Fue un relámpago. Aquel gol de oro de España que lo condenó. Faltaban poco más de dos minutos para los penales y tal vez la historia pudo haber sido otra. Pero el destino le jugó en contra. Lo de subirse al podio después, en el tercer escalón, no le sirvió a Las Aguilas ni de consuelo. Sólo para demostrar que siguen ahí. En la pelea por la supremacía del hockey sobre patines mundial.
La Argentina resignó el título en el Campeonato Mundial. Eso no es poco, simplemente porque llegó hasta Iquique con el único objetivo de defenderlo. De mostrarse como lo hizo dos años antes en Tourcoing, Francia. ¿Diferencias? Sí, porque esta vez los otros equipos poderosos fueron mucho más duros y diagramados para darle batalla. El técnico de España, el argentino Alejandro Domínguez, dijo antes que empezara el torneo que se habían preparado durante dos años con el solo objetivo de ganarle a la Argentina. Y lo logró. Claro, no sin antes sufrir al máximo para terminar ganándole a Las Aguilas con un gol de oro. Y repitió en la final frente a Portugal. Lo que dice a las claras que la diferencia entre los tres primeros es mínima al máximo.
Si de números se trata, las estadísticas nunca engañan. Argentina fue al equipo que menos goles le hicieron y el que más anotó. Pero no tuvo la capacidad necesaria para ganar “el partido”. Se veía que Chile había diagramado todo para que su selección se instale en la final. Inclusive con la misma ayuda de los otros equipos, que no lograron los mejores números en la fase clasificatoria. Y no lo logró. Por sus limitaciones.
Porque, pese a contar con un apoyo masivo de su gente, fracasó en los cuartos de final ante Francia.
En la Argentina las chicas cumplieron. Las experimentadas mostraron sus dotes. Y las que debutaron estuvieron a la altura, en especial la arquera Anabella Flores. Tal vez lo que aparece como punto negativo es que haya sido un equipo corto. El técnico Néstor Perea no tuvo tanta rotación en el partido clave ante España. Y eso, en el hockey moderno, es casi un pecado. Porque el desgaste es permanente y es necesario rotar siempre. Como lo hizo España, que utilizó a todas las jugadoras menos a su arquera suplente.
Pero en aquella semifinal todo se definió con ese gol de oro, que podría haber llegado para cualquiera. Quiere decir que, a un año de un nuevo Mundial, ese que vendrá en China como está programado, se le debería dar el crédito y continuidad a este mismo grupo. Eso sí, con un trabajo contínuo de 365 días, que sirva para trabajar con la mentalidad que lo hicieron los españoles. Es decir, hoy ya pensando en ganarle sí o sí a España.
En lo general, España lució impecable, prácticamente con el mismo equipo que en Francia, hace dos años, terminó noveno. Portugal, con recambio de aquel quinto puesto en el Mundial pasado, fue la gran sorpresa. Francia está metido en el grupo de elite. Chile e Italia siguen siendo problema para cualquiera. El resto, sólo está para presentar lucha pero lejos del nivel de competitividad de las mejores.
