A pesar del incesante calor y que la etapa de ayer comenzó a las 7 de la mañana, no fue un impedimento para que alrededor de 110.000 personas, según datos de Gendarmería Nacional, se agolparan en los diferentes puntos por donde pasó la carrera.
Es que fue impresionante lo que ocasionó el Dakar. No sólo que atrajo a un sin fin de personas que por pura curiosidad se acercaron a diversos puntos para presenciar el espectáculo y se quedaron maravillados con ello. Si no que también sirvió para que los amantes de los fierros se reúnan para cumplir un sueño, ver pasar por tierras sanjuaninas el rally más importante del mundo.
Grupos de amigos y familias completas se reunieron. Algunos montaron carpas, otros con sombrillas, o la sombra armada con unos palitos y ropa para tapar el paso del sol a como dé lugar. Y por supuesto, las infaltables gorras y la hielera para tomar algo fresco.
Todo con la intención de ver un espectáculo que es histórico, no sólo por ser la primera vez que pasa en la provincia, si no también, debido a que no se sabe si se podrá presenciar el próximo año.
Los locales, maravillados por la magnitud de dicha carrera, no se cansaron de alentar en ningún momento. Aplaudían a cada moto, cuatriciclo y auto. Y ni hablar de los camiones que a gritos pedían que tocaran bocina y que aceleraran cuando había curvas.
Los más ovacionados fueron los pilotos argentinos. La pasada de los hermanos Patronelli, Orly Terranova, y ni hablar del binomio sanjuanino de Lino y Juan Pablo Sisterna que aparte de ser uno de los autos que de lejos la gente ya los reconocía, fue ovacionado hasta más no poder.
A diferencia del miércoles, ayer no lucieron los asados, porque no se permitía hacerlos a menos de cinco metros de la cinta amarilla que delimitaba el espacio entre la gente y los autos.
Lo positivo de todo es que el paso de esta carrera por San Juan fue una verdadera fiesta. No se registraron incidentes mayores, porque la gente respetó las normas. Y ahora cruzan los dedos por otro reencuentro.

