
Si tras la goleada 4-0 de local ante Belgrano la fecha pasada algún hincha de Boca hubiera imaginado la semana ideal, seguramente se parecería mucho a la que finalmente ocurrió. La eliminación de River en la Copa Libertadores a manos de Lanús el martes, con inmensa polémica y VAR incluido, y la victoria ayer en Núñez en el superclásico doméstico número 200 del historial, donde el xeneize manda con diez juegos de diferencia (74 a 64, con 62 empates), hubieran sido las intenciones a concretar. Y ambas se dieron. Es que en un Monumental repleto con hinchas de River, Boca fue más líder que nunca y lo superó 2-1. Resultó la tarde-noche en que redebutó el Pay Per View en el superclásico argentino y donde el xeneize llevó a ocho su propio récord de mejor arranque en un campeonato nacional. Sus 24 puntos, con 21 alaridos, lo muestran muy lejos de sus escoltas, Talleres y San Lorenzo que acumulan 15 puntos. Ni hablar del equipo de Marcelo Gallardo, 13ro en la tabla y doblado en la cantidad de unidades pues el Millonario tiene 12.
"Va menos de un tercio del campeonato, falta muchísimo". Guillermo Barros Schelotto quiso bajarle así el tono eufórico a sus jugadores e hinchas tras el triunfo. Es tan cierto como que cuesta pensar en que el xeneize se pueda caer, al menos este año que tiene solo de competencia la Superliga. Desde febrero del 2018 la historia puede ser distinta con el gran objetivo a la vista: la Copa Libertadores, para la que sueña contar con Carlos Tevez.

Más allá de lo "beneficioso" que resultó el fixture en las primeras siete fechas (esquivó a los cinco grandes), Boca no dejó puntos en el camino y se fue potenciando. Tuvo el gran mérito de sacudirse rápido de la eliminación en la Copa Argentina ante Rosario Central y siguió solo cantando victorias en el certamen. Guillermo hizo un cambio de piezas importante y cuenta con una ofensiva, cargada principalmente en Darío Benedetto y Cristian Pavon, temible. Da la impresión que en cada ataque xeneize hay chances de que sea gol, algo que hacía tiempo no ocurría.
River es todo lo contrario. Esa mística que tenía en los últimos tiempos de la mano de Gallardo desapareció, o al menos en esta semana, pegó el faltazo. Sin dudas, el momento más "inadecuado" para hacerlo. El Muñeco reconoció que ganar ayer era "una caricia para el alma". Pasó lo opuesto: otro impacto profundo al corazón. Con un póker de partidos hasta finalizar el año por la Superliga, el objetivo está puesto en la Copa Argentina. No cuenta con tiempo para lamentarse: el domingo, en Mendoza, se medirá con Morón por un lugar en la final. Una vez más será Gallardo quien deba sacarle ese plus a sus dirigidos, ese que no mostraron en la Fortaleza Granate cuando Lanús fue un aluvión y lo dejó afuera de la Libertadores.
El bautismo de la tan promocionada Superliga tiene un líder indiscutido desde los números y también en parte desde el juego. Sin figuras rutilantes como sucedió en otras épocas de gloria, a Boca le alcanza y sobra por ahora para ilusionarse con otra vuelta olímpica.
