Era ganar o ganar. Y así fue para Trinidad que contra todo pronóstico y jugando contra un aspirante más que serio a la clasificación, hizo lo que tenía que hacer para terminar ganando por 2-1 en la agonía del partido ante Villa Cubas. Con eso, el León logró lo que tanto necesitaba: la salvación. Se quedó por méritos propios y por la irrenunciable actitud que desde el banco de suplentes le imprimió Rodolfo Rodríguez. Empezó a toda presión, intentando arrinconar a un Villa Cubas que metió miedo a los 9’ cuando Criado le tapó un tremendo remate a Ricardo Tapia. Ese aviso despertó al León y a los 23’ empezó a tocar el cielo con las manos cuando el Negro Villegas cabeceó al gol. Era todo de Trinidad pero el rival también juega y en minuto final del primer tiempo, Villa Cubas le empató con el gol del colombiano Viáfara, tras una contra sensacional de los catamarqueños. En el complemento, Trinidad fue puro coraje. En una pelea desigual contra un equipo más entero, el León se hizo fuerte y buscó su resultado. La pasó mal y gracias a Criado no lamentó la derrota pero en el minuto 45 del segundo tiempo, llegó el milagro. Muñóz metió el pelotazo largo para Salla, encaró a su marcador, metió el centro y llegó la mano de Carlos Tapia para el penal milagroso. Lo cambió por gol Guajardo y ahí se desató el escándalo. No se lo bancaron los catamarqueños y terminaron con 4 jugadores menos por las expulsiones. Trinidad, en la suya, demostró carácter, personalidad y temple para lograr su salvación. No le regalaron nada. Lo ganó con el corazón como bandera y la humildad como estandarte.
Trinidad hizo su milagro

