Verlo llorar primero, verlo festejar después. Todo llama la atención porque la versión mundialera de Lio Messi está entregando una imagen más cercana, más humana. Pero la otra versión, esa del descomunal futbolista que es capaz de resolver imposibles, de hacer magia, está guardando turno para el domingo. De eso, estoy seguro. Porque Lio tiene la calidad de los distintos, la categoría de los privilegiados. Contra Holanda, el cerco de Van Gaal lo terminó neutralizando, tuvo apenas un par de apariciones para mostrar lo que genera: un tiro libre en el primer tiempo y después, un pase profundo en el suplementario para Agüero. Nada más. Pero no es menos tampoco porque Holanda lo puso siempre en desventaja numérica con tres o cuatro marcas. Messi está jugando el Mundial para Argentina y no para Messi, eso hay que tenerlo en claro. Juega para el equipo sin la pelota, sin brillar. Pero claro, el domingo, todos lo esperamos en el Maracaná, el templo donde los grandes pasan a la inmortalidad.