Terminar con cinco delanteros en la cancha y “a la carga Barracas” es una imagen clara que a esta Argentina le está faltando un cambio de aire. ¿Es Bauza el hombre indicado para realizar ese vuelco?

¿Por qué surge este interrogante? Porque en los cuatro partidos que dirigió al equipo, justamente a lo que menos se pareció Argentina es a eso. Mientras estuvo Messi, se apoyó en la calidad del mejor del planeta. Su gol ante Uruguay tapó errores colectivos ya crónicos. Sin Messi, el DT apuesta a un solo punta, Higuaín ahora, Pratto ante Venezuela y detrás pone tres jugadores que como “medias puntas” fracasaron porque lo suyo es la definición. Nadie puede discutir lo que significan Aguero y Dí María para el Manchester City y Paris Saint Germain, respectivamente. Pero desde hace un tiempo a esta parte en la Selección sus rendimientos son opacos. Un poco por culpa de ellos, porque aceptan jugar en posiciones que no sienten y mucho por culpa del técnico que no se decide a sacar a alguno de los grandes nombres. Y siempre el primer cambio lo hace por los menos “pesados”. Así Gaitán no entró en el partido ante Perú y Dybala ingresó en el segundo tiempo ante Paraguay. Sin un conductor, porque Banega se apichonó anoche ante la personalidad de un Mascherano que ejerció la función de un distribuidor voluntarioso pero previsible. Lo de Argentina murió en ganas e intenciones. Manejando la pelota sin efectividad y avanzando por sistema y no por convicción se regalan los espacios y equipos mas humildes en variantes, lo lastimen como anoche. Es hora que los defensores primero defiendan y luego se proyecten. Que los volantes sean quienes generen fútbol y los delanteros quienes culminen las jugadas. La solución la tiene Bauza, que deberá sacrificar alguna “vaca sagrada” si pretende encontrar un equipo que juegue a algo definido.