Hay temor. Fundado y creíble porque esta vez, la renuncia no fue de compromiso. No fue momento de calentura. Fue sentida, meditada, visceral. Apenas una hora y media después de que se consumara una nueva frustración en Argentina en la Copa Centenario, el capitán del equipo, el estandarte que habla poco y esta vez dijo mucho, soltó lo que muchos no querían oír: ‘La Selección no es para mí’. Un golpe más para esa olvidable noche de New Jersey retumbaba mucho más fuerte que el propio alarido ganador de Chile, bicampeón de América y repetido verdugo de una generación que acarició demasiadas veces la gloria como para quedarse con las manos vacías nuevamente. Lio Messi, el pibito de Rosario que se cuajó en Barcelona, ese que dicen que no siente los colores, el que apenas murmura el Himno Nacional, ese que muchos crucifican con la misma facilidad con la que gritan hasta quedarse roncos sus goles, dijo basta. Hasta acá llegó. Se paró delante de todos y se empezó a despedir con apenas 29 años y después de haber roto todos los récords incluso con la camiseta de la Selección argentina, renunció. El despertar del lunes en Argentina encontró a todos sumidos en el dolor pero en más aún, sumergidos en la incredulidad de saber que el 10, el mejor para todo el mundo, se iba de su Selección, esa misma que eligió cuando España le ofrecía en bandeja de oro ser parte de la Furia Española. Hoy, los operativos para convencerlo de revertir ese paso ya están en marcha. La decisión es suya pero sin ser miopes en el mundo del fútbol, con Messi cualquier equipo se transforma en potencia y sin Messi, es cualquier equipo nomás…
Argentina se debate en lo futbolístico y también en lo dirigencial. En un momento más que complejo, en donde no era necesario echar nafta al fuego que consume la AFA, Lio decidió hacer más lío. Está en su derecho porque es tan humano como todos pero el futuro de la Selección está ahí, a la vuelta de la esquina. Con septiembre como fecha de reencuentro para pelear otra vez en Eliminatorias y ni hablar de los Juegos Olímpicos. Martino tambalea feo en su cargo y está más afuera que adentro, Segura, Moyano, Tinelli y todos los aspirantes al sillón de calle Viamonte no saben dónde están parados. La FIFA mete mano, la Justicia argentina lo frena y en el medio, la pregunta del millón para el atribulado pueblo futbolero ya ensordece: ¿Después de Lio, más lío?
Hacer futurismo no sirve, menos en el fútbol donde todo cambia de un minuto al otro. Pero en este juego de posibilidades, imaginar una Argentina sin Messi es casi irreal. En este presente, no existe en todo el mapa nacional un jugador que disimule una ausencia como la de Messi. Sin esa personalidad que tanto le tiró en cara Diego Maradona, Lio es referente. Es más: levantó perfil y tono en Estados Unidos pegándole a la AFA. Habló poco, dijo mucho. Como los grandes.

