El Atlético de Madrid dirigido por Diego Simeone se clasificó por cuarta vez en su historia, y después de 40 años, para jugar una de las semifinales de la Champions League, tras derrotar ayer al Barcelona por 1-0 en un encuentro de vuelta correspondientes a los cuartos de final.
La clave de la victoria del Atlético estuvo centrada en la actitud con la cual salió a jugar el trascendental partido, la concentración de todos sus jugadores para cumplir al pie de la letra el planteo de Simeone, y la presión que ejercieron cuando el Barcelona fue el dueño de la pelota y el campo.
La actitud del arranque provocó el Atlético jugara diez minutos, los primeros del partido, a un altísimo nivel. En ese lapso el equipo madrileño consiguió el gol (lo anotó Koke a los 5’) y estrelló tres remates (uno de Raúl García, y dos de David Villa) en los palos del arco defendido por José Manuel Pinto.
Barcelona fue un equipo ausente. En el arranque pareció dormido y estuvo para la goleada, algo que no llegó porque los palos jugaron a su favor y porque el Atlético se calmó pasado el primer cuarto de hora. A nivel colectivo el Barcelona jugó un partido para el olvido, el trabajo de la defensa fue lamentable, y en cuanto a las individualidades, sólo se salvaron Neymar y Pinto. ¿Y Lionel Messi? La figura del equipo catalán se mostró impreciso, lento, generalmente jugó lejos del área, y en los noventa minutos de juego sólo dispuso de una ocasión para marcar. Un dato básico para entender este final fue que Simeone le encontró la vuelta al Barcelona.

