La primera respuesta y la más simple es que la falta de triunfos opacó la buena intensión de juego. Lamentablemente en el fútbol mandan los resultados y cuando ellos no llegan, poco importa si el desempeño del equipo y funcionamiento del mismo es óptimo, porque cuando toma mal una decisión al equipo lo golpean. Mirar la tabla y verlo entre los de abajo es todo un síntoma que ‘algo anda mal’ pese a que su juego tiene sustento y un estilo que está internalizado. San Martín pasa por esa situación y tras el increíble 3-2 en contra ante Banfield del domingo (lo ganaba cómodo 2-0) se encendió la señal de alarma porque ya no alcanza con un sistema innovador y sorprendiendo al rival si las victorias no se le dan. Hoy está tranquilo con el promedio, pero no puede dejar de mirarlo ante este arranque impensado de campeonato porque las victorias le son esquivas y sólo sumó 3 de los 15 puntos en disputa producto de tres empates.

Y que toma mayor relevancia tras lo expresado por el DT Pablo Lavallén luego de perder con el Taladro: ‘No le encuentro explicación. No tengo respuestas porque se perdió’. Todo un síntoma que algo no funcionó, que anda mal, y que puede tener dos tipos de lecturas: que el plantel no haya desarrollado lo pedido o que no hayan entendido al entrenador lo solicitado, y ambas pueden traer sus consecuencias a corto plazo. Y allí es cuando sin imaginarlo hasta hace dos semanas atrás, empiezan los replanteos, porque largó el campeonato siendo la ‘sensación del torneo’, pero con eso ya no le alcanza. Porque tras recibir elogios por todos lados luego de los empates de visitante frente a San Lorenzo (2-2) y River (1-1) siendo un equipo equilibrado, con velocidad, sorpresa y que siempre busca salir jugando, hoy parece ser un equipo al que ya lo conocen y que jugar al límite puede ser contraproducente. Le pasó ante Racing (0-2) y también Banfield (3-2). Mientras que frente a Colón (0-0) le faltó oficio en la definición.

Porque todos los partidos que ha jugado han sido diferentes. Se le simplificaba cuando salieron a jugarle y se le complicaba cuando se le metían atrás. Pero contra Banfield fue una mezcla de todo y el equipo se perdió. No supo sostener ni el resultado ni su propuesta interesante de juego. Como que todo lo que había desarrollado en los encuentros previos quedó en la nada y la memoria se perdió.

El domingo, el volante Maxi Lugo reflejó claramente el momento del equipo verdinegro: ‘No nos alcanza porque hacemos buenos partidos y la actitud de pensar que ya estaba nos perjudicó, somos un rival difícil pero no alcanza, tenemos que entrar convencidos que lo tenemos que ganar’. Una de las mejores definiciones y con toda la realidad expresada en cada palabra.

Porque éste San Martín que lleva el segundo torneo con Lavallén al frente y una intensión de juego internalizada, largó la temporada con una propuesta agresiva que ilusionó y sigue ilusionando más allá de no ganar. Un equipo muy ofensivo, en el que salvo los centrales y el volante central de contención, todos los demás jugadores llegan al área rival.

Cronológicamente primero fue el arranque complicado porque se dio ante tres ‘grandes’, aunque luego no supo definirlo frente a Colón, y en Banfield la bomba quedó muy cerca de explotar. Porque cuando a Lavallén se le pedía un delantero con capacidad de resolver y oficio, lo encontró con el uruguayo Facundo Barcelo que en 20 minutos metió un cabezazo al arco, un remate que sacó el arquero Navarro y fue clave en los dos goles, sobretodo en el segundo con el taco que terminó en gol.

Hasta ahí parecía que había cartón lleno y el andamiaje ideal estaba encontrado, pero luego tomó malas decisiones, perdió un partido que lo tenía dominado y la alarma se encendió. Más aun cuando el propio Lavallén resaltó que ‘asumo la responsabilidad porque el mensaje que di para el segundo tiempo no se cumplió. No tengo respuestas porque se perdió’. Para luego arrojar otra frase que lo condiciona: ‘habrá que replantearse lo que viene’. Y lo que viene es Talleres de Córdoba, en dos semanas, donde ahí sí San Martín tendrá la obligación de la victoria para no detonar la bomba.