El penal que le cometieron y convirtió con un derechazo a media altura contra el palo izquierdo del arco defendido por Nahuel Guzmán, sirvió para afirmar el sueño de River y desmoronar todas las defensas mexicanas; fue clave para que el volante derecho uruguayo, Carlos Sánchez, eclipsara el rendimiento del resto de los jugadores que animaron el partido decisivo de la final de la Copa Libertadores.
Su despliegue y la convicción con la que encara el área rival cada vez que pasa tres cuartos de cancha fue un argumento determinante para que los Millonarios, por momentos apurados, pero siempre decididos, ganaran el máximo torneo continental.

