El decepcionante primer tiempo del seleccionado en el debut mundialista frente a Bosnia y Herzegovina y el reclamo tácito del capitán Lionel Messi dejaron poco margen al entrenador Alejandro Sabella para utilizar su esquema preferido.
Lejos de lo que esperaba del equipo, Sabella asumió la responsabilidad por el muy pobre rendimiento con el cuestionado esquema 5-3-2 y minutos más tarde Messi no dejó dudas al afirmar que tanto él como el resto de los jugadores de ataque se sienten más cómodos cuando tienen mayor cantidad de alternativas de pase.
Así, la notoria diferencia entre lo que ofreció el equipo en el primer tiempo y los momentos de buen juego en el segundo con los ingresos de Fernando Gago y Gonzalo Higuaín, sumado al peso de las palabras del emblema futbolístico del equipo y la propia admisión de Sabella, parecen orientar al entrenador a volver al dibujo táctico que tan buenos resultados le dio durante las Eliminatorias.
Apenas el salvadoreño Joel Aguilar pitó el final del primer tiempo en el Maracaná, Messi no esperó a ninguno de sus compañeros, agachó la cabeza y caminó rápido hacia el vestuario, en una imagen que bien podría resumir el fastidio que tenía el rosarino debido al muy pobre rendimiento del equipo, pese a la victoria parcial.
Messi lo había dicho tiempo atrás, cuando todavía se debatía si Sabella debía apostar por incluirlo a él, a Sergio Agüero e Higuaín juntos en ataque, aunque luego el entrenador decidió correr los riesgos que supone tener apenas dos jugadores para contener en el mediocampo y desde allí, cada vez que pudo y contó con esos nombres, el seleccionado jugó como el rosarino y las grandes figuras del equipo quieren.
El sorpresivo golpe de timón a pocos días del debut, y sobre todo ante un rival que no se presentaba como una gran amenaza, llamó la atención de todos, incluidos los futbolistas.
El temor a pagar caro un mal retroceso o el poderío de la figura bosnia Edin Dzeko tentaron a Sabella a jugar con el esquema que tan buenos resultados le dio en Estudiantes de La Plata, aunque no así en el seleccionado.
Ahora, todavía más expuesto que en la previa del debut, Sabella deberá tomar la decisión que tanto lo incomoda desde que se convirtió en el entrenador albiceleste.
Asumir riesgos, estar dispuesto a jugar al palo por palo e intentar achicar al máximo el margen de error en un equipo poco equilibrado será el gran desafío.
Irán y Nigeria, los próximos rivales del equipo en el Grupo F, representarán una buena oportunidad para intentar pulir detalles de un esquema que, ante los equipos con serias aspiraciones a ganar el Mundial, no puede tener errores.
De aquí en más, si el deseo de Messi y sus compañeros se impone y Sabella apuesta por juntar en cancha todo el poderío individual, Argentina sufrirá y pasará sofocones con casi todos pero tendrá siempre un as en la manga y un poder de fuego único.
Y más, le dará un nuevo voto de confianza a su capitán, a quien él mismo definió como el ‘único líder‘ del equipo.
