Calor. Humedad. Demasiado sofocante para cualquier mortal pero menos para los hinchas de Sportivo Desamparados que desafiando todo, quisieron estar con su equipo en la previa de un partido trascendental y cerrando una semana complicada que empezó con una charla de hinchas con jugadores, siguió con una pegatina de carteles amenazantes y se terminó con la más auténtica muestra de respaldo: un banderazo. Pero todos estos episodios desnudaron también una división marcada en tres los mismos hinchas alineados algunos en la Guardia Puyutana y otros en los grupos del Rivadavia Norte y Santa María.

Pasadas las 18, la calle Comandante Cabot cambió radicalmente porque de su postal de quietud y somnolencia por el calor pasó al estallido completo cuando los hinchas llegaron a bordo de móviles y un colectivo para empezar a alentar desde las puertas del hotel a sus jugadores. No hubo reclamos ni reproches. Fue puro aliento, banderas, color y mucha pasión. Una postal que debe ser envidia para muchos.