Buenos Aires, Télam.
Racing, sin fútbol, sin ideas, pero con un corazón grande como su estadio, venció ayer a River por 1 a 0, en un partido de la 8va. fecha del Clausura. El único gol del partido lo marcó el delantero Pablo Lugüercio. Con este resultado la Academia salió de la Promoción.

Racing no tuvo ideas, no tuvo fútbol, pero tuvo corazón, ganas y una entrega que hace tiempo estos mismos jugadores no mostraban.

El primer tiempo fue de lo peor que se pudo observar en este certamen, pero a la vez de lo mejor que hizo Racing a lo largo de este torneo.

El desempeño de los dirigidos por Ricardo Caruso Lombardi fue bueno porque no dejó jugar a River, presionándolo en todos los sectores y buscó la contra.

Los volantes abiertos del conjunto de Néstor Gorosito no pesaron nunca a lo largo de los 45 minutos iniciales, Diego Buonanotte parece seguir peleado con la pelota y está cruzado con el juego, mientras que Mauro Rosales hizo una bien y una mal, y Cristian Fabbiani se dedicó a pelear.

Eso fue bien aprovechado por Racing, sobre todo por el sector derecho, donde el juvenil Braian Lluy y Franco Zuculini, triangulando con Lugüercio, pudieron marcar diferencias, pero el resto no acompañó.

La única chance del conjunto visitante para igualar en el primer tiempo la tuvo Matías Abelairas, con un tiro libre que cuando se metía en el ángulo izquierdo encontró la mano salvadora de Pablo Migliore.

Si River, que de mitad de cancha en adelante tiene jugadores desequilibrantes, no podía generar peligro estando obligado que se podía esperar de Racing.

Sin embargo, los de Avellaneda tuvieron chances para aumentar la diferencia, como una que desaprovechó Martín Wagner, quien solo frente al arquero tiró una "masita" luego de una contra que se inició en Zuculini, siguió en Lugüercio, para terminar en los pies del volante.

A los siete minutos de la parte final tuvo el empate Abelairas, pero remató mal, luego Buonanotte, pero lo trabaron.

Racing se paraba tan cerca de su arquero que los de Núñez cruzaba la mitad de cancha y la sensación que podían marcar un gol estaba más latente que nunca.

Con el correr de los minutos, Racing decididamente y sin vergüenza se metió atrás, empezó a hacer tiempo, sus jugadores ante la menor falta se tiraban al piso para hacer correr el reloj, todo ante la mirada de un árbitro como Collado que no hacía nada para evitarlo.

Con Marcelo Gallardo en cancha, River fue más claro y los minutos finales fueron un suplicio para Racing, porque se quedó con diez por la insólita decisión de Collado de expulsar a Caballero. Pero no hubo más tiempo, porque Racing revivió y obtuvo una victoria que lo mantiene con esperanzas.