El ascenso del Atlético Unión de Villa Krause al Torneo Argentino B debe vivirse como una fiesta lógica de un logro deportivo añorado y conseguido con esfuerzo, dedicación, esmero y convicción.
Ahora bien, la realidad indica que seis de los doce equipos que participan de los campeonatos de la Liga Sanjuanina se encuentran inmersos en competencias nacionales, a saber: San Martín (Primera B Nacional), Sportivo Desamparados (Argentino A), Atlético Alianza, Trinidad, Del Bono y ahora, Unión (Argentino B). Este presente, que debe llenar de orgullo al fútbol sanjuanino abre la puerta a un interrogante emparentado con la base de la pirámide: ¿Qué pasará con los torneos locales?
Algunos dirán, el año pasado fueron cinco y se jugó igual. Sí, es cierto, pero no cabe duda que el nivel futbolístico que se observa en los torneos vernáculos dista mucho del que puede verse en los certámenes de AFA.
Varias son las razones, una puntual es que en esta vorágine que viven las instituciones se adelantan etapas de los jugadores que surgen de sus canteras. El tema es que en esa maduración obligatoria se exigen triunfos para salvar la categoría o pelear campeonatos y, sabido es que los pibes, por su atrevimiento pueden ganar partidos pero, por la irregularidad lógica de su edad, difícilmente ganen títulos.
¿Entonces? Dirigentes apurados por las circunstancias los ceden a otras entidades o cubren sus puestos con jugadores más avezados que se quedaron sin boleto en los torneos de orden nacional y el resultado es que aquellas entidades que representan al fútbol sanjuanino a nivel argentino terminan integrando sus planteles con mayoría con futbolistas forjados en otras tierras.
Formar jugadores para integrarlos a sus planteles profesionales debe ser el gran objetivo de esos clubes en los torneos locales. Pero también debe ser del resto porque sus futbolistas pueden dar el salto de calidad y mejorar el balance de sus magras arcas.
