El clima, la cancha, la previa al partido, cómo lo vivieron los hinchas y el mismo escenario que ofreció ayer el reducto de Santa María Tupelí en 25 de Mayo, le dieron vida a una tarde con olor a fútbol.

Fue puro potrero. Lejos de los lujos. Con una cancha sin pasto y una superficie muy dura que hizo imposible jugar con botines con tapones. Sólo zapatillas permite. Con ese tierra flotando que ante una caída el jugador quedó envuelto en ella. Incluso en el entretiempo Tupelí descansó en la cancha sin necesidad de buscar su camarín

Afuera, más de 1.000 hinchas entre veinticinqueños y albardoneros que nunca se insultaron y lo vivieron como una final con banderas y cánticos. Apenas una pequeña tribuna en un lateral que fue propiedad local y el resto pegados y hasta apoyados sobre la tela. Los que llegaron temprano se sentaron en los troncos y no quedó un lugar vacío. Ayer, hubo potrero.