La Selección alemana de fútbol es un animador permanente de las Copas del Mundo. Que haya llegado otra veza al partido decisivo no es una casualidad. Aunque en esta ocasión arribó como resultado de una tarea que comenzó en el año 2000 luego de la humillante eliminación, a manos de Portugal, de la Eurocopa que se disputó en Holanda.

Al fracaso de Rotterdam respondió la federación alemana (DFB) con un plan que culminará el domingo en Maracaná cuando la selección dispute la final de la Copa del Mundo.

Había que refundar la Nationalmannschaft, triple campeona del mundo (1954, 1974 y 1990), extraviada entonces incluso en Europa, necesitada de un relevo generacional que ni siquiera se detuvo dos años después en Japón cuando quedó subcampeona por cuarta vez (1966, 1982, 1986 y 2002), después de perder con Brasil, vencedora con dos goles de Ronaldo. La DFB había apostado por rejuvenecer el fútbol en 2000 con un programa nacional unificado que afectaba por igual a los distintos equipos de la Bundesliga.

A partir de la experiencia de escuelas como la de Clairefontaine y la del Ajax, la federación instó a cada club a crear una academia para los niños de entre nueve y 19 años dotada de la mejor infraestructura técnica y humana, y financiada por un fondo común para evitar las desigualdades, circunstancia que provocó una mejora general del fútbol. Los últimos estudios aseguran que son más de 250 los jugadores formados a partir del plan que disputan una Bundesliga saneada y atractiva para el aficionado, de manera que los estadios se llenan.