En su primera serie como local en esta edición de la Liga Mundial, Argentina volvió a quedarse sin una sonrisa. Tal cual le pasó en los dos juegos ante Cuba, en La Habana, volvió a perder, aunque en este caso lo hizo ante un subcampeón Mundial y monarca europeo como Polonia. Fue un 3-1 bastante claro, en un Aldo Cantoni que lució con cerca de 3.000 espectadores y que debido a la supremacía europeo nunca terminaron de meterse en el juego. Sólo el ingreso del sanjuanino Rodrigo Quiroga en el segundo set (Alejandro Spajic fue titular y Federico Pereyra también ingresó desde el banco) levantó el ánimo, pero más allá del 1-2 parcial, la contundencia en el bloque del combinado dirigido por Daniel Castellani fue demasiado para esta albiceleste que igualmente ya tiene boleto asegurado para la fase final del torneo a disputarse en Córdoba. La revancha será esta noche, también desde las 21.10 y televisado por ESPN+.

Los 2,11 metros de Marcin Mozdzonek fueron un auténtico martirio para la selección de Javier Weber. El armador argentino, Luciano Del Cecco, no le encontró nunca la vuelta para sortear esos brazos que hacían imposible cualquier ataque y por eso Polonia sacó ventajas de entrada. El ingreso de Nicolás Uriarte no cambió mucho el panorama, sobre todo porque ninguno de los puntas nacional anduvo acertado en ese primer parcial que se llevaron los europeos por 25-20.

El segundo parcial resultó casi calcado a su antecesor. No sólo por la duración (el primero fue en 23′ y el segundo apenas un par de minutos más), sino porque todo se manejó por el bloqueo polaco. Pero esta vez sin Mozdzonek en el rol de villano, sino con Patryk Czarnowski, quien con sus 2,01 de altura también fue un martirio permanente para Argentina. El ingreso de Rodrigo Quiroga cuando el equipo estaba abajo 6-7 parecía una inyección anímica importante, pero la situación no se modificó demasiado y de hecho el Gringo fue reemplazado. Para darle algo de su propia medicina, el central Gustavo Scholtis emparejó el tanteador en 20 y lo que aparentaba ser un final de palo y palo no lo fue por la ineficacia nacional en ataque.

Con el 0-2 abajo y tras el descanso más largo del match, se vio otra cara de Argentina. Apoyado en la potencia de Lucas Ocampo y el sanjuanino Federico Pereyra, la tendencia se fue modificando. El bloqueo siguió funcionando, pero se le agregó precisión en las contras. De esta forma se llegó al descuento al llevarse 25-20 ese tercer parcial.

Más allá del descuento en el resultado y el envión anímico para Argentina, Polonia nuevamente recuperó su ritmo de juego en lo que fue el cuarto y decisivo parcial. Levantó en recepción, hizo mucho daño con sus saques potentes y liquidó todo con el bloqueo. De hecho, la última jugada del cotejo fue una pared terrible de Jakub Jarosz.