Tanto le había costado remontar ese madrugón inicial de la Villa cuando Diego Fernández aprovechó el rebote, que parecía que el premio se le daba al final a Sportivo Peñarol. Es que quedaban apenas 10 minutos para el final, había pasado al frente en el marcador con los goles de Marinero y de Tello y como extra jugaba con dos jugadores más por las expulsiones de Escobar y de Alvarez en la Villa. Era todo de Peñarol. Marcador, tiempo, momento. Pero se durmió, equivocó el libreto y en vez de tener la pelota, de cuidarla con esos dos jugadores de más, decidió ir al ataque y lo terminó pagando caro porque la Villa en otro tiro libre se encontró con el empate en otra aparición de Diego Fernández. Ese fue el castigo final para un Peñarol que hizo todo el gasto pero se nubló a la hora de cerrar el partido y con eso el Bohemio se quedó otra vez con el sabor amargo de un empate que parecía victoria. Para la Villa Obrera fue el premio a su entrega absoluta, incondicional. Esa que lo llevó siempre a hacer posible lo imposible.

De entradita, a los 4’ la Villa asestó el primer golpe. Le quedó a Avila, hubo rebote y el pibe Fernández estaba ahí para abrir e la cuenta. Entonces, Peñarol tuvo que jugar otro partido. Se arriesgó el resto pero sin tener la claridad conceptual para poder equilibrar el marcador al menos en el primer tiempo. En el complemento, apretó más y generó algo más. Llegó el empate a los 28’ con un cabezazo al suelo del capitán Marinero y a los 30’ Tello la colgó en un ángulo para poner el 2-1 favorable a un Peñarol que lo había buscado siempre. Para la Villa todo parecía perdido porque estaba abajo en el marcador y con dos menos por las expulsiones de los volantes Escobar y Alvarez. Era de Peñarol en todo sentido pero se equivocó en la liquidación y cuando a la Villa se la perdona, se suele pagar caro porque con todo el corazón se llevó un punto de oro.