La pesadilla quiere terminarse para Sportivo Peñarol. Esa herida abierta del descenso doloroso e inesperado del Argentino B de la temporada anterior empezó a cicatrizar a fuerza de goles y esperanzas. La ilusión de volver se agigantó y hoy, el Bohemio está más cerca que nunca de ese regreso. Por eso, el 3-0 sobre San Martín de Rodeo en la primera final del Torneo del Interior tiene la importancia que tiene. Porque esos tres goles de diferencia acercaron como nunca el ascenso para Peñarol y hoy, todo parece depender de lo que el mismo Peñarol haga. Hizo grandes diferencias ante un San Martín que fue demasiado tímido como para jugar una final. Peñarol lo resolvió acelerando el paso cuando se lo propuso. Empezó firme, manejando los tiempos y a los 10’ ya se puso arriba en el marcador cuando Silvio Molina cambió por gol el penal que el arquero Tato González le hizo a Cristian Pérez. Ahí, fue el principio del final para las esperanzas iglesianas porque San Martín no se soltó nunca, no se reveló como debía para cambiar una historia que lo tenía en desventaja. Entonces el Bohemio manejó todo a voluntad. Se retrasó un poco, esperó la reacción de San Martín y cuando quiso lo lastimó de contra, utilizando al Pipi Salinas como desequilibrio por todo lo que genera en sus arranques. San Martín fue tibio. Demasiado liviano como para demostrar las razones por las que está en la final y eso le terminó costando demasiado caro al final de la primera etapa porque a los 40’ Tello clavó un golazo en un tiro libre para duplicar la ventaja de Peñarol y resolver gran parte de la historia.

En el complemento, San Martín amagó con salir, con presionar más arriba pero su actitud fue muy liviana. Empezó bien pero en menos de 10’ se diluyó en todos sus movimientos. Peñarol aguantó esa presión inicial y cuando puso, sentenció la historia. A los 19’ Cristian Pérez zafó de su marca por la izquierda y pisando el área metió el remate para que González diera un rebote largo que le sirvió el gol a Eduardo Castro. Era el 3-0 y con eso, Peñarol ya definía el primer capítulo de la serie final. estaba cómodo, no pasaba sobresaltos y solamente esperaba el momento de aumentar una diferencia que ya es grande.

En San Martín intentaron algo desde el banco. El técnico Marinero mandó otro punta para acompañar al solitario Marín pero esa idea no tenía sustento desde lo táctico porque los dos puntas no tenían abastecimiento desde los volantes. Peñarol se dedicó a cuidar piernas, mantener la diferencia y a pensar en la revancha dentro de siete días más. El 3-0 era concreto y merecido, sabiendo que su futuro es más que optimista. La historia será otra en Rodeo, donde San Martín se hace fuerte ante su gente, la altura y su eterno viento pero en Peñarol saben que el paso hacia el ascenso es más que grande. Tan grande que ya algunos se animan a festejar a cuenta.