Jugó uno de los peores partidos del torneo. Los nervios de querer llegar rápido al gol. La presión de un estadio que ayer vibró, retumbó y sufrió. El gobernador José Luis Gioja estuvo presente y también se comió las uñas. La ansiedad y el apuro. Todos factores que le hicieron perder la memoria. Pero el Azul puso lo que había que poner en estas finales. Ese sacrificio extra que va más allá de la entrega. Con esa virtud dejó afuera a Huracán, que el año pasado lo había quitado la ilusión. Ahora emprenderá un nuevo camino en el que se topará con Andes Talleres.
El comienzo era el de esperar, con Unión apurado y queriendo convertir el gol ya. Huracán sorprendió con u tiro de Díaz y otro de Cia que hizo volar a Biasotti. Llamados de atención para una defensa que le costó acomodarse. El Azul sin ser preciso reaccionó con un violento tiro de Quiroga que tapó Pelayes, en el rebote Laciar remató al palo.
El trámite era de ida y vuelta, pero Unión empezaba a ponerse nervioso. Pases regalados, errores infantiles. Y el Globo la volvió a meter miedo en los pies de Cia, que disparó desviado. El Azul no jugaba bien y la pasaba mal.
En el segundo tiempo Unión siguió impreciso, se preocupó más por no cometer fallas. Pero llegó el gol que trajo paz. González corrió toda la cancha, mandó un centro y Guerra de volea hizo estallar a todos, 1-0.
El partido tomó temperatura con piernas fuertes. Por eso Romero echó a González y Cia por una supuesta agresión mutua. Ahí nomás Leal empujó sin sentido a Monassa y también se fue. Aún con ventaja numérica Unión le entregó el protagonismo a Huracán. Menos mal que el Globo no tuvo puntería y que Unión tuvo a Biasotti inspiradísimo. El Azul no jugaba bien, pero comenzó a meter, a dejar la vida en cada roce. Aguantó y defendió con mucho corazón. Claro, pero no liquidaba la cosa y Huracán se venía. Hasta que a los 48′ apareció Steiner para decir basta, para ponerle punto final a la historia.

