Corrió con los mejores. Le ganó a los mejores. Fue uno de los mejores de la época "dorada", como se ha dado en llamar al ciclismo de las décadas de los "70 y "80. Roberto Ángel Bernard, el "gringo grandote", ese que cuando daba la mano "abrazaba" a quien saludaba, falleció a las 20.35 del pasado viernes. Su corazón, ese que tantas veces latió al pico de sus pulsaciones para impulsar los torpedos que tenía por piernas cuando arrancaba para pelear un embalaje, o encabezar una escapada, dejó de pelear.
Con Bernard se va otro pedazo grande de la historia del ciclismo sanjuanino. Junto a Raúl del Rosario Ruarte comparte el liderazgo de los ganadores de más "Clásicas", ocho en total. Nacido en Pocito, el 16 de junio de 1956. En 1974 ganó el Argentino juvenil de Persecución en Buenos Aires 1974, derrotando a Osvaldo Benevenutti.
Vistió las casacas de los equipos más importantes del pelotón de aquellas épocas donde los ciclistas llegaban a distintas ciudades del interior provincial y eran recibidos como héroes, por los aficionados que escuchaban sus carreras en las largas transmisiones radiales.
En 1975, cuando con 19 años, ganó la Doble Media Agua y la Doble Difunta Correa. A la clásica del Alvear, que va y vuelve de Vallecito, la volvió a conquistar en 1976, 1978 y 1981. En la del Independiente, la que suele abrir el calendario de las pruebas cercanas al centenar de ediciones, repitió en 1980, 1981 y 1983.
En su campaña deportiva hay muchas victorias, no solo en San Juan, sino también en el resto del país y en Europa. Dos veces la Vuelta a Córdoba (1976 y 79), en una de ellas sacó 9 minutos en la primera etapa y después nadie pudo desbancarlo. Y, una vez, la Doble San Francisco – Miramar, siendo el primero de los ciclistas en imponerse en las dos etapas, ida y vuelta.

De una fortaleza tremenda, esa que supo imponer vistiendo la camiseta del Atlético Pocito, donde jugó al fútbol en su juventud, cuando Bernard levantaba los embalajes largos, era muy difícil frenarlo. Ese ímpetu, esa garra, esa determinación para querer ganar todo lo que corría, fue sucumbiendo en los últimos tiempos pos sus inconvenientes físicos. Una pierna lesionada en un accidente lo martirizó bastante tiempo, pero soportaba con estoicismo el dolor. Las complicaciones hepáticas que lo aquejaron finalmente, fueron minando sus ganas de vivir. "No quería luchar más, estaba cansado", contaron sus familiares y amigos. Había sufrido mucho.
Fue el hacedor de su destino. Como ciclista, su obstinación lo llevó a ganar y perder carreras, embarcado a veces, en disputas de popularidad con otros rivales. Vivió a su manera, buscando siempre como progresar en el deporte y en la vida, donde supo ganarse un espacio dentro de la actividad comercial que le permitió sacarle unos cuerpos de ventaja a los desequilibrios económicos del país.
Fue uno de los mejores, entre los mejores. A los que varias veces les ganó. El ciclismo extrañará al grandote bonachón que entregaba todo en cada carrera.
Velatorio y sepelio
Roberto Ángel Bernard está siendo velado desde ayer en las salas de Cochería San Juan, ubicadas en calle General Acha, pasando Abraham Tapia. Su restos serán sepultados esta tarde a las 16, en el cementerio El Palmar, ubicado en la Ruta 20, Km 7, en Las Chacritas, 9 de Julio. El "Gringo", apodo con el que era conocido en el ambiente del ciclismo, recibe desde ayer la respetuosa despedida de mucha gente del ambiente que lo admiró.
MANUEL RECABARREN – Ciclista y compañero
"Era un corredor de una fuerza espectacular. Le gustaba arrancar de lejos, y cuando lo hacía era imposible seguirle. Agarraba velocidad y era un tren, que no frenaba nadie".
ARMANDO RAMÍREZ – Ciclista y compañero
"Se destacó desde joven por su potencia y hambre de ganar. Era guapo y se bancaba todo. Corría con el corazón y era muy completo, le faltaba velocidad, le sobraba fuerza".
JORGE LUIS GONZÁLEZ – Ciclista y compañero
"Corrimos varias carreras juntos, siempre se destacó por sus ganas de ganar. Tenía una fortaleza física admirable, hacía casi todo bien, fue un ciclista extraordinario".

