Iban 26 minutos del primer tiempo. Unión quería pero no podía. Llegó el tiro libre cerrado, casi escondido entre la divisoria del área y la línea de fondo. Pero allá encaró, la pidió, la midió y le puso toda la magia para que fuera el golazo de la tarde. Casi gol olímpico, pero con la dificultad extra de que estaba más cerca que un corner común. Lo gritaron todos pero a esa película, su actor protagónico ya la había visto. hace exactamente 12 años, 11 meses y 28 días atrás. Con la 10 de siempre pero con otra camiseta, el Luto Molina había sido genio y figura en aquella recordada consagración de Villa Obrera que con dos goles olímpicos de este mismo Luto vencía por 2-0 a Brown de Puerto Madryn y se metía en el Argentino A. Aquel 12 de mayo de 2002 quedó grabado en las retinas de todos los que vieron esa función de magia. Ayer, con más años pero con la misma calidad, un tal Luto Molina certificó con otro golazo que su especialidad pasa por hacer posible lo que parece imposible.