No era un partido más. Era una final. Con todas las letras. Dura, difícil. Complicada. Sin margen de error porque si bien el empate era ganancia para San Martín, una falla solamente era condena. Y el Verdinegro la asumió así. Con la personalidad necesaria para defender lo que era suyo, con oficio para conseguir el resultado y con la entrega incondicional de todos para sostener la esperanza. Y así lo logró. Sin que le sobre nada pero respondiendo a la exigencia de la situación como debía. Mostrando credenciales de Primera División ante un Rosario Central que recién jugó mejor cuando se quedó con 10 jugadores. Pero San Martín sacó pecho, bancó la parada y terminó el año sosteniendo un lugar que nadie le regaló.

En el comienzo, la postura táctica de San Martín sorprendió desde los camarines porque Sava optó por jugar con línea de tres y poblar más el mediocampo, sabiendo que ahí estaría el nudo del partido. Entonces se armó un encuentro intenso, mostrando más ambición y llegada en San Martín que en los primeros 20’ generó lo mejor en ofensiva e incluso sufrió con los fallos equivocados de Loustau que no cobró dos penales clarísimos en favor del Verdinegro.

Rosario intentó lo suyo. Y tuvo la más clara cuando desbordó Medina a Mattia, metió el centro atrás y Castillejos entró solito para definir, exigiendo a Ardente a una sensacional tapada. Lo que quedó del primer tiempo fue para ver un partido muy intenso en el medio, sin que ninguno de los dos pudiera hacer valer sus pretensiones. El empate parcial era justicia por lo visto y hecho por los dos equipos.

El comienzo del segundo tiempo fue favorable a San Martín porque pudo manejar más la pelota y no dividirla tanto con Central. Generó un par de llegadas profundas y tal vez la que más cerca estuvo fue la de Emmanuel Mas quien escaló, se animó y exigió a García con un fuerte remate. Lo tenía más que controlado San Martín. Era dueño de los tiempos y parecía que la balanza se terminaba de inclinar definitivamente cuando expulsaron a Alderete en Rosario por doble amarilla. Pero pasó todo lo contrario porque Central se jugó el resto, mandó a la cancha a Toledo y a Biglieri y atacó con absoluta convicción. Estuvo muy cerca cuando Javier Toledo estrelló su remate en el palo izquierdo de Ardente. Ahí, San Martín volvió a sacar pecho y fue Luis Ardente el abanderado de la resistencia. Tapó un cabezazo terrible de Castillejos, se jugó la vida ante un centro de Carrizo y tranquilizó a todos con mucha solvencia para sacar todos los centros que cayeron sobre su área. San Martín movió el banco. Entraron Poggi y Affranchino para tratar de recuperar la tenencia de la pelota pero lo consiguió a medias. Sava mandó a la cancha a Penco y el goleador tuvo su chance para definir pero no pudo con la salida de García.

Fue la última llegada a fondo de San Martín porque luego volvió a aflorar la convicción sanjuanina de defender su lugar en Primera. Entonces Grabinski y Landa se agrandaron en el fondo, Bustos metió todo y el resto acompañó con una entrega incondicional. Llegó el final. San Martín había logrado el objetivo que en un momento pareció demasiado lejano. San Martín sigue siendo de Primera.