Bastaba con recorrer apenas un kilómetro desde El Palque, tierras adentro, para encontrarse con un escenario muy particular, quizás impensado para esa zona precordillerana. Pero escalando una pequeña quebrada desde el punto de largada y llegada, se podía encontrar un oasis, con una imponente cascada de agua que le daba un paisaje magnífico a la competencia. El lugar tiene una historia digna de contar.

Al Palque, plasmado en la quebrada que lleva el mismo nombre en el departamento Zonda, se ingresa por Calingasta. Desde Pachaco, hay que girar a la derecha por una huella y recorrer unos cinco kilómetros para encontrarse con el camping. Cuentan los lugareños, que en 1958 doña Eva Pastén, arribó al sitio construyendo un ranchito adosado a la ladera del cerro, con horcones de algarrobo y pisos de gradas donde veneraba a una pequeña imagen de la Virgen de Andacollo. La “Guasa” como se hizo conocida, vivió allí durante muchos años, incluso falleció su esposo, sus hijos emigraron y ella siguió allí hasta que la muerte la encontró. El ranchito se conserva todavía en el lugar, incluso en unas de las paredes de barro se conserva todavía una estampita de la Virgen, donde quienes lo visitan aprovechan para rezar. Un horno de barro parece haber sido usado hace poco tiempo por algún turista. Ahí, en el lugar, está la tumba de la “Guasa”, doña Eva, que decidió seguir morando allí. A unos pocos metros del ranchito de Doña Eva, se encuentra un imponente salto donde resurge agua cristalina. El Palque, una zona precordillerana y digna de explotar turísticamente.