Dejaron el alma. Pusieron la vida. Ganas de jugar, les sobraron. Ninguno de los jugadores de los dos equipos se podía las piernas sobre el final, pero se desangraron para buscar la victoria. No se dio, pero fue un partidazo con todas las letras. Lo jugaron como un clásico. Pudo ser para Marquesado, por su entrega. Pudo ser también para San Martín, por su juego. Pero quedaron igualados en uno. El del Oeste mostró, que la "A" no le queda grande. A la vista está que sigue invicto y si no fuera por los nueve puntos que le descontaron, estaría más arriba. El otro equipo, San Martín, está dejando en claro que quiere el título. Lo demuestra en cada partido, pero ayer se encontró con un duro rival y además falló en la definición.
No se terminaban de acomodar y Gonzalo Narváez capturó un rebote en el área para poner arriba a San Martín. Enseguida Tello casi iguala de tiro libre. El partido no daba respiros. Era jugado con uñas y dientes. Emocionante, vibrante. Pero el futuro del mismo cambió con la expulsión de Cortez, que dejó en desventaja el Verdinegro. Al instante el Bruja Tello empató, 1-1.
En la etapa final Marquesado no pudo solucionar el hombre de más. San Martín estaba mejor parado, era más rápido para jugar. Por eso no extrañó, que Agüero estrellara un remate en el palo. Pero todo el sacrificio que hizo el Verde lo opacó Silva, que se fue expulsado. Aún así el del Oeste seguía apurado y nervioso. Esa desesperación lo llevó a cometer errores y Balmaceda vio la roja. Habían dado todo. No tenían resto físico, pero les quedaba el corazón. Con esa garra siguieron buscando una victoria, que nunca llegó. Pero no se guardaron nada.

