Estaba en su mundo. Un compañero reposaba dolorido en el piso tras recibir una dura falta, entre empujones parecía que podían armarse entre los jugadores de Arabia Saudita y Corea del Norte. Así y todo, Salem Al-Dawsari no se hizo demasiado problema: agarró la pelota, se apartó unos pasos y se puso a ¡hacer jueguitos!