Conmovedor. Admirable. Así fue el marco. Así salió el aliento. Tanto de los hinchas verdinegros como de los de Boca. Gritando. Saltando. Tirando papelitos. Gozando de cada uno de los momentos de un domingo inolvidable. Es cierto que a los sanjuaninos ya se nos está haciendo costumbre ver tanta gente junta en un partido de fútbol, pero ayer todo fue pasional. Por suerte y por mucho esfuerzo, desde que nació el Estadio del Bicentenario se puede vivir en vivo y en directo un privilegio de las grandes capitales. Y así salió en Pocito.

La previa ya presagió lo que sería el aliento durante el partido. Los hinchas locales estallaron cuando los jugadores de Garnero salieron a calentar. Los verdinegros poblaron a full la popular Norte, pero también la platea Oeste y la mitad de la platea Este. Lógicamente fueron mayoría.

Los de Boca, que largaron con el aliento cuando los arqueros de su equipo salieron a moverse (el resto del plantel calentó adentro del estadio) mostraron a pleno la popular Sur y la otra mitad de la platea Este. Eso sí, tuvieron que esperar a que llegase la popular “12” para hacerse sentir.

Fueron cánticos permanentes. Respondiéndose. Casi tapando la voz del estadio.

Banderas chicas, otras más grandes. Sombrillas y globos. En las dos popus por igual. Gozando con necesidad el agua que empezó a llegar a través de las mangueras de los bomberos, cuando todavía quedaba media hora para el inicio del partido.

Hasta que entraron los equipos. Primero San Martín. Ahí nomás Boca. Y en ese momento el despliegue, en ambas cabeceras, de la banderas gigantes de cada equipo que se llevó todas las miradas de los plateístas. Todo inmerso en un griterío ensordecedor.

Después, con el partido en marcha, cada uno tuvo su momento. Cuando apretó San Martín, los verdinegros alentaron a rabiar. En frente, los de Boca, más constantes con sus bombos, estuvieron más pasivos hasta que aparecieron las chances de Mouche y largaron con lo suyo.

En el complemento, por lógica, el momento cumbre fue tras el gol de Boca. Su gente estalló y los verdinegros tuvieron que bancársela con resignación. El partido se fue y las hinchadas también. Los locales tuvieron que esperar que los xeneizes desocuparan las gradas para salir.

Igual que en el ingreso al estadio, resultó admirable la desconcentración. Es que no sólo que no se registraron incidentes sino que causó admiración tanta gente que poblaba la ruta 40. Unos se fueron para el Sur. Los otros para el Norte. Los primeros gozando el triunfo. Los locales lamentándose de haber perdido un partido parejo. ¡Qué importa! Porque los dos vivieron con pasión la fiesta a su manera…