Torneos locos estos del fútbol argentino. Los clubes que pelean el título pierden con los que luchan por mantener la categoría. Empata el líder y empatan sus escoltas. Los puntos valen mucho para algunos y nada para los otros. Cuesta encontrar un equipo que juegue bien y lindo. Por lo general los últimos campeones son equipos que apoyan sus chances en rendimientos medianamente regulares.

Con poco criterio y una idea de lo que se quiere hacer dentro de la cancha, el Newell’s que dirige el "Tata" Martino saca la cabeza a la superficie. Convengamos que a San Martín le servía que anoche River batiera a Argentinos Juniors, porque los dejaría a los "Bichos" a tiro de escopeta. Esta derrota de River, como puede haber sido la semana pasada la de Lanús ante el Verdinegro para sus rivales directos, no escapa a la realidad de un fútbol opaco, del que se habla demasiado en la semana, levantando ídolos de barro para mantener el negocio que involucra a mucha gente. Ese negocio que no puede poner en la vidriera del fin de semana una oferta atractiva desde el juego por si mismo.

Se ha hecho carne ver partidos donde hay conjuntos que no dan tres pases consecutivos. Se perdió el paladar negro de aplaudir un caño o una jugada elegante. La vorágine de los torneos cortos aceleró tiempos y no se cuidan las etapas de maduración de jugadores, como los de Racing, a los que se les cargó sobre sus piernas la expectativa de un título que hace mucho se niega.

Con poca coherencia y una convicción que más allá que el fútbol se haya nivelado en lo físico, siguen marcando diferencias aquellos que ejercen control de pelota y explotación de espacios, le alcanza a Newell’s para destacarse del resto.