Lacera el ánimo escuchar el "cebollitas subcampeón" dicho socarronamente por los derrotistas de siempre, esos que hablan de fracaso cuando no se consiguen títulos. Pero, después de una intensa semana de Mundial, queda la sensación que el hockey argentino salió fortalecido con el subcampeonato logrado en Vigo.
Es en la derrota es cuando más se aprende y, hay derrotas que dignifican como la de la final de anteayer con España. Esa que permitió a la Argentina confirmar que se está en el camino correcto.
Se perdió, sí. Pero no se traicionó un estilo. Ese de ser protagonista. De buscar el arco rival siempre. El de querer ganar dando espectáculo.
Un periodista español calificó de anárquico al estilo de la selección albiceleste. Y, probablemente tenía razón. Pero vale el hecho de ser honesto con una forma de entender y jugar el hockey no haber traicionado sus convicciones, En pocas palabras: haber muerto con las botas puestas, siendo fieles a una manera de sentir el juego, que haber cambiado de caballo a mitad del río y lamentar no haber jugado al ataque, como lo hizo siempre.
Muchos dirán que no se debe confundir honestidad con ingenuidad. Pero no cabe duda que en Vigo comenzó a gestarse otro conjunto campeón mundial, tal cual lo dijo Miguel Gómez -el ex técnico doble campeón del mundo- mirándolo a 12.000 kilómetros por TV. No fue ahora, porque no era su tiempo. Podrá ser en Mozambique o dentro de cuatro años, pero será, agregamos nosotros.
"Grandes, igual", rezaba el título de tapa de DIARIO DE CUYO en su edición de ayer. En esas dos palabras se resume el agradecimiento a esos jóvenes que hicieron gala al nombre nuestro suplemento deportivo, defendiendo con PASION la casaca nacional y manteniendo viva la ilusión hasta el último suspiro.

