Alrededor del clásico se mueven diferentes negocios. Ayer en el hipódromo había distintos puestos. A los tradicionales de venta de comestibles y bebidas se sumaban los, también habituales, que ofrecen artículos relacionados con la actividad hípica.

Así como en un pequeño stand uno podía comprar una fusta pequeña como suvenir. También podía adquirirse unos pasos más allá, un colgante realizado en acero quirúrgico, muy bien trabajado por su vendedor un fornido extranjero proveniente de algún país africano.

‘Lo que más se ha vendido son los porta termos‘, contó Paola, empleada de un puesto familiar en el que atendía junto a sus dueños, Celeste, Pablo, Alejandro y Silvia. El nombre del, bien montado, negocio de artículos varios es ‘El Santo Guerrero‘ haciendo alusión a San Expedito. ‘Nosotros vinimos desde Bermejo‘, agregó, luego de contar que el bien más vendido costaba 95 pesos. Allí también se podían comprar unos adornos hechos con cuernos de vaca, a 195 pesos.

En ese mundo aparte que es el jockey sorprendía, y no gratamente, ver a chicos menores de 12 años que se acercaban a las ventanillas y hacían algunas apuestas. ‘Póngale 10 al 12 (Salamemingue) pedían con gran desenvoltura‘.

El turf, esa pasión que mueve multitudes está resurgiendo con fuerza en la provincia. ‘Tenemos que hacer más caballerizas‘, contó Ricardo Oliva, presidente de la comisión de carreras del Jockey Club, conforme con lo acontecido.