La brillantez del rosarino Lionel Messi, el mejor jugador del mundo, en el triunfo del sábado del seleccionado de fútbol de Argentina sobre el de Brasil por 4-3, maquilló las notorias y preocupantes falencias del equipo que dirige Alejandro Sabella.
El conjunto albiceleste falló sistemáticamente en el fondo, no sólo por el flojísimo trabajo de los laterales sino también por la pobreza de la dupla de centrales, y también en el mediocampo, donde se perdieron muchas pelotas, se erraron demasiados pases y hubo poco volumen de juego.
Pablo Zabaleta, primero por izquierda y después por derecha, no hizo pie y sufrió cada ataque brasileño y a Clemente Rodríguez le pasó lo mismo. Acá radicó el primer error táctico de Sabella. No se entendió porque les cambió la posición a los laterales, quienes igualmente no rindieron lo esperado en sus puestos naturales.
Federico Fernández y Ezequiel Garay, los marcadores centrales, cometieron errores conceptuales en la marca. Y a partir de eso se generaron huecos enormes en la última línea.
Pero la culpa no fue exclusivamente de los 4 defensores, porque el mediocampo contribuyó para que Brasil llegara por todos lados con mucha gente.
Mascherano y Gago, en la función de doble cinco, jugaron uno de los peores partidos en mucho tiempo: fallaron una y otra vez en la marca, no presionaron a los mediocampistas contrarios y perdieron muchos balones.
Di María, primero por izquierda y después por derecha, y Sosa, a la inversa, perdieron más de lo que ganaron.
Acá estuvo el segundo error táctico de Sabella. Hizo lo mismo que con los laterales. Entonces el equipo lució confundido. Pero a diferencia de Zabaleta y Clemente, los mediocampistas externos mejoraron en la gestación. El equipo, a partir de esto, mostró dos caras: por un lado fue malo de mitad de cancha para atrás, con lo que se echó por tierra que el 4-4-2, 3-5-2 o 5-3-2 (las variantes que probó el técnico) le daría al seleccionado mayor solidez defensiva, y sencillamente brillante de mitad de cancha hacia adelante.
Pero para explicar eso hay un sólo nombre: Lionel Messi. Al rosarino, que cada día juega mejor con la celeste y blanca, tres apariciones le bastaron para dejar su huella en tierras estadounidenses y darle una épica victoria al conjunto argentino.
Fueron, en realidad, cuatro, pero “tan sólo” tres terminaron en goles, con los que se convirtió en el cuarto goleador en la historia del seleccionado argentino, con 26 gritos, y en el máximo anotador de la era Sabella, con 9 conquistas.A “Pachorra”, que erró el planteo, y a sus compañeros, quienes parecieron estar de vacaciones porque lucieron excesivamente relajados, desconcentrados, desmotivados, los salvó la Pulga, que a los 24 años es el “líder del equipo, tanto dentro como afuera de la cancha”, como coinciden el cuerpo técnico y el plantel.
Lo más valioso de esta gran victoria es la ratificación de todo lo bueno que hace -desde hace rato- Messi en el seleccionado nacional, donde convirtió en los últimos cuatro partidos, tanto por Eliminatorias como en amistosos. Ahora todos están en sus merecidas vacaciones. Pero en agosto volverán a ponerse la celeste y blanca para el amistoso del 15 frente Alemania.

