A principio de año, Martín Palermo confirmó que al final del Clausura se retiraría del fútbol activo. En la misma fecha, Guillermo Barros Schellotto decidió dejar la comodidad que tenía en la Mayor League Soccer, para darle una mano a su querido Gimnasia en la lucha por evitar el descenso.

Los dos fueron escribiendo los últimos renglones de su rica historia futbolística con los avatares que pasaban sus clubes. Martín pasó una sequía goleadora de nueve partidos. El Melli tuvo un par de lesiones que sacaron de partidos importantes.

Los dos querían retirarse ayer. El destino y el fútbol, fundamentalmente el fútbol, no lo permitió. Palermo se va, contento porque la última pelota que tocó sirvió para comprometer el futuro de Gimnasia. El acérrimo rival que tuvo durante sus inicios en Estudiantes. El Mellizo se queda, también contento, porque aunque no evitó que el club de sus amores zafara del descenso, colaboró para que siga vivo. Convirtiendo un gol de penal que gritó con alma y vida.

La historia dirá que esos jóvenes que llegaron a Boca en el ‘97 y ni se miraban por sus pasados platenses, se hicieron hombres con la camiseta xeneize y no sólo conformaron una de las duplas ofensivas más importantes que ha tenido el fútbol argentino de todas sus épocas. Sino que, también, fueron claves para que aquel equipo armado por Carlos Bianchi llegara a la cima del mundo.
Martín y el Mellizo coincidieron ayer por última vez en una cancha. Con camisetas diferentes. Con metas deportivas distintas. Con la certeza que después de largo camino recorrido no pueden regalar prestigio y cada uno a su manera aportó su esfuerzo para que su equipo peleara por la victoria.

Si Gimnasia ganaba se libraba del descenso. Si Boca triunfaba tenía una chance de entrar en la Copa Sudamericana. Ninguno de los dos accedió a esas metas.

Jugaron por la camiseta, sin traicionar los mandatos de sus corazones futboleros. El Mellizo festejó el gol de “su Gimnasia” sin pensar en su brillante pasado boquense. Festejo que los hinchas xeneizes respetaron con una cálida despedida cuando se fue lesionado.

Martín gritó el segundo gol de Cellay como el hincha de Estudiantes que es, porque extendió el sufrimiento “Tripero”.
Desde ayer, Palermo es leyenda. A Barros Schellotto aún le quedan algunas líneas para completar su historia en la que podría entrar nuestro San Martín.