Hace un año y medio atrás cuando comenzó el boxeador argentino Sergio Maravilla Martínez a exigir por derecho propio una pelea titular ante el monarca mediano del Consejo, Julio César Chavez Jr.; todo el mundo del boxeo daba por hecho que de hacerse la pelea sería un trámite para el argentino que venía de noquear de manera espectacular al estadounidense Paul Williams.
El tema es así, a Martínez, que había ganado el título mundial mediano del CMB se lo designó campeón mundial de diamante por lo que dejó vacante el cetro que ganó el hijo del gran Julio César Chavez, el más grande campeón mundial nacido en México. El argentino se dio cuenta que diplomáticamente lo habían sacado del medio para favorecer al joven pugilista azteca.
Ahora bien, desde hace 20 meses cuando Martínez empezó a presionar a José Sulaiman para que le den la chance de recuperar lo que era suyo, hasta hoy ha pasado mucha agua debajo del puente. Con criterio los mexicanos del CMB y el promotor Bob Arum invirtieron en su muchacho. Eligieron a Freddy Roach, entrenador de Manny Pacquiao para que lo entrene. Lo hicieron pelear cada tres meses ante rivales cada vez mejores y antenoche, en la que será la pelea previa a su choque con Martínez, el Junior demostró que ya está listo para la contienda. Demolió al irlandés Andy Lee con una contundencia muy parecida a la que su padre ejecutaba a sus rivales.
Este Julio César Chavez Jr., no es el mismo de hace 20 meses. Es mejor. A su fortaleza le adosó orden ofensivo, mecanizando combinaciones al cuerpo y la cabeza. Obliga a sus rivales a pelear en la corta y la media distancia, donde su poder de fuego se convierte en letal. La pregunta es: ¿Este Maravilla mediático que baila con Tinelli está tan enfocado en esa pelea que se realizará el 15 de septiembre? La respuesta es una incógnita. Una cosa sí es segura. Para ganarle a esta nueva versión de Chavez Jr., Maravilla deberá bailar mucho para evitar la contienda cuerpo a cuerpo.
