Buenos Aires, 16 de junio.- Corre con desventaja Ginóbili. Al igual que Vilas, se coronó en un deporte que no cuenta con la popularidad del fútbol o el automovilismo y como el tenista, Manu nunca tuvo el mimo formal por su labor individual. Nunca fue MVP.
Los triunfos de Maradona en Nápoli trascendieron lo deportivo: un equipo del sur de Italia se codeaba y derrotaba a los poderosos del Norte. No era sólo fútbol. La consagración en el ’86, con el triunfo ante Inglaterra como plus, tampoco fue sólo una cuestión fútbolística.
Cinco veces campeón en la Fórmula 1, Fangio cuenta con el mismo plus que Maradona: fue 1 en uno de los deportes más populares del país. En algo se diferencian y es en eso donde Ginóbili hace diferencia. El automovilismo es una disciplina individual.
Como aquel Nápoli de fines de los 80′, los Spurs dejaron de rodillas a un poderoso: los Heat de LeBron James, el mejor jugador de básquet de la actualidad. Según medios especializados, el presupuesto que destinan los de Miami supera los 80 millones de dólares. Los Spurs, por una decisión de la franquicia, están en los 63 millones.
Pero a diferencia del conjunto napolitano, San Antonio marca un estilo bien definido, tal vez el camino a seguir para el resto: el juego en equipo por sobre las individualidades. Que Tony Parker haya conseguido anotar sus primeros puntos en el tercer cuarto y que Kawhi Leonard haya sido MVP de las finales son todo un indicio.
En los Spurs de Popovich, Duncan es la estrella, Parker el desequilibrio individual y Manu es el arquitecto, el técnico en cancha, el que decide a qué se juega. Para que se entienda, San Antonio, como el Barcelona de Guardiola, mostró un estilo que será recordado siempre, gane o pierda. El Madrid de Mourinho nunca se pudo, ni podrá, jactarse de eso.
Con rasgos más del básquet FIBA que de la espectacular liga estadounidense, estos Spurs le devolvieron a la NBA el sentido colectivo del deporte.
Está fuera de discusión que Ginóbili ya se encuentra entre los 5 mejores deportistas argentinos de la historia. Los triunfos de Vilas marcaron un antes y un después del tenis en el país. Esa revolución todavía no ocurrió y tal vez es eso lo único que todavía impide que el bahiense, de una vez por todas, sea considerado el mejor deportista argentino de los tiempos. Méritos, hizo de sobra.
