El reloj estaba en los dos minutos de juego. El Petiso Poggi recibió en la mitad de la cancha y metió una pelota frontal al corazón del área de Gimnasia. Penco anticipó a su marcador Fontanello. El arquero Monetti trató de salir pero quedó a mitad de camino y el Motoneta no dudó y lo madrugó con un toque suave por arriba de su cuerpo. La pelota entró al arco con suspenso, besando el travesaño. Golazo. Y delirio de todo San Martín. Del propio Penco que salió disparado al costado a festejar con los hinchas sanjuaninos. De Roberval que fue el primero en llegar para abrazar al autor del poema. Y después todos le siguieron para armar la montaña humana de festejo.
Luego al Verdinegro le empataron (en el segundo tiempo) cerró el partido 1-1 y logró lo que quería: El ascenso a la Primera División del fútbol argentino.
Todos imaginaban que el que apuraría sería Gimnasia.
Pero salió todo al revés.
El que dio el zarpazo fue San Martín. Y, como dicen, al que madruga Dios lo ayuda, todo cambió después de aquel cimbronazo de inflexión. Porque a los jugadores de Gimnasia le temblaban las piernas. Y porque el Verdinegro se afirmó en el campo.
El Lobo, herido, atacó con furia y dos minutos después, el grandote Córdoba metió un tiro fuerte que salió desviado por poco. Estaba claro que el local iría con todas sus fuerzas para adelante. Pero también estaba claro que San Martín, agazapado, buscaría sus contragolpes para herir más todavía. Como en el mediocampo los verdinegros ganaron todas, las rápidas quedaron para que Roberval y Poggi, por la derecha, y Quiroga, por la izquierda, empezaran a hacer tambalear la última línea del Lobo.
Justamente el morocho brasileño tuvo el segundo gol a los 7’, luego de una pelota cruzada que le mandó Quiroga, pero su tiro se fue apenas alto.
Pasado el cuarto de hora, el visitante se tranquilizó aún más. Salió del encierro que lo había llevado Gimnasia y, con toques cortos y triangulación, empezó a convertir en estériles los esfuerzos de Gimnasia por tener más el balón.
Recién a los 30’ Gimnasia atacó lo más profundo de todo el partido. Castro tuvo el gol, pero una gran reacción de Pocrjnic se lo impidió. Lo mismo pasó 6’ después con Córdoba, cuando el arquero del equipo sanjuanino se lució para contener. Gimnasia amenazaba. San Martín, refugiado, hacía bien los deberes.
Quitaba en el medio y contragolpeaba con velocidad. Por eso llegando al cierre de la etapa otra vez Roberval tuvo en sus pies el segundo pero su tiro cruzado salió mordido y desviado.
En el complemento no se dieron cambios de importancia. Ortiz, el técnico local, mandó a García para darle más lucha en el medio. Y después a Vizcarra para reforzar el ataque. Pero Casco se equivocó y le pegó Roberval de atrás. Baldassi no dudó: Tarjeta roja para el defensor local. Se le venía la noche a Gimnasia. Perdía y se quedaba con uno menos.
Pero la providencia se metió en el partido. Por primera vez los volantes verdinegros se durmieron a la salida de un tiro libre y aprovechó Vizcarra que corrió unos metros y le dio fuerte al arco. La pelota dio en la espalda de Zamponi e hizo una rara parábola.
Inatajable para Pocrjnic. Empate. Y sorpresa general. Para Gimnasia fue un volver a vivir. Por suerte para San Martín no fue un golpe adormecedor. Los Verdinegros tenían en claro que el empate les seguía sirviendo. Entonces no se desesperaron. Tampoco cuando Penco recibió su segunda tarjeta amarilla y se fue expulsado.
Desde ahí y hasta el final todo fue nervios. Con las pulsaciones a mil. El Lobo lanzado por el empate. San Martín sacando contras letales. Y el que estuvo más cerca fue el Verdinegro. Por dos veces Barreiro se perdió goles increíbles. Primero tirándole por debajo del cuerpo a Monetti, que supo reaccionar. Y después dilapidando un pase de Messera cuando la empujó desviada.
Pero el local, que volvió a tirar un par de centros más, ya tenía la suerte echada. San Martín lo sabía, aunque se defendió con uñas y dientes. Hasta que llegó el silbato final de Baldassi y la felicidad y el delirio invadió las almas sanjuaninas. Y todo porque supo madrugar.

