El final fue bochornoso. Podría haber ganado Palmira. Lo ganó Unión. Pero lo más justo hubiese sido que terminaran iguales. Hubo un momento increíble que tuvo un error tremendo. Y fue nada menos que en los últimos 4 segundos del partido. Palmira -con un hombre de menos- anotó el gol, cuando estaban 3-3. El árbitro Gustavo García anuló la conquista que había resultado legítima. Es más, hasta tuvo un momento de duda fatal. Porque, mientras los mendocinos le daban rienda suelta a su alegría en el festejo, una avivada de los jugadores de Unión derivó en el gol de Guillermo Morales cuando el cronómetro llegaba al minuto 25 de juego. Y a ese tanto sí lo cobraron los árbitros. Eso derivó en una masiva protesta de los visitantes. Insultos. Empujones. Todo lo que no debe pasar.
Lo concreto es que Unión sumó su segunda victoria (fue por 4-3) en la Liga Nacional de hockey. Y Palmira, que había hecho un partido inteligente en todo su desarrollo, se quedó con las manos vacías. No fue culpa de los Azules, porque ellos hicieron lo que debían. Y ganaron, como ya lo han hecho carne, de una manera dramática. Sí fue una actuación vergonzosa de la dupla arbitral que, no solamente en esa última jugada se equivocaron, sino que lo hicieron durante todo el encuentro. Y, generalmente, en contra de Palmira.
El partido salió entretenido, muy cortado y con dominio alternado. Unión fue siempre al frente pero cometió errores en defensa. Palmira movió bien pero le faltó punch en los momentos que dominaba. Lástima, lo justo hubiese sido un empate, aunque los árbitros no lo quisieron.

